Un juego que no se complica… y eso es parte de su encanto

Dracamar es de esos juegos que no intentan revolucionar nada, ni falta que les hace. Desde el primer momento deja claro lo que es: un plataformas colorido, accesible y pensado para disfrutar sin calentarte la cabeza a la par que te pueda dejar un regustillo a Super Lucky’s Tale.

Desarrollado por Petoons Studio y con la colaboración de 3Cat, estamos ante una propuesta muy clásica en su base, pero que funciona. Y lo hace precisamente porque no intenta ir más allá de lo que puede ofrecer, siempre con notas de tierras catalanas que le dan mucha personalidad.

Es el típico juego que te pones “un ratito”… y cuando te quieres dar cuenta ya llevas varios niveles sin darte cuenta. Es una formula simple que sin duda funciona y no tiene más pretensiones que éstas. Es de valorar este tipo de propuestas, con un tono feliz, con doblaje al español que aporta valor y enriqueciendo el catálogo del género.

Historia simple, pero suficiente para acompañar

Aquí no hay grandes giros ni narrativa profunda. La historia cumple sin más: avanzar, limpiar zonas afectadas y devolver el equilibrio al mundo. Y sinceramente, tampoco necesita más. Dracamar no busca que estés pendiente del argumento, sino que te centres en jugar, explorar y avanzar a tu ritmo.

Eso sí, se agradecen ciertos detalles que le dan personalidad, como pequeños guiños culturales que recuerdan al entorno mediterráneo, con ese toque catalán que aparece en algunos momentos del juego, como algún que otro robo de “bocadillos de butifarra” y guiños de los orgullosos desarrolladores.

Vamos, resumiendo se trata de un malvado dragón que roba algo muy preciado y nuestro objetivo es recuperarlo a la par que arreglamos un mundo que se está viendo saboteado.

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Jugabilidad: accesible, directa y para todos

Si hay algo que define a Dracamar es lo fácil que es entrar en él. En cuestión de minutos ya sabes todo lo que necesitas: moverte, saltar, interactuar y poco más. Eso sí, el continuo tutorial en cada esquina sobra, ya que parece que nos estén echando en cara todo el tiempo que las generaciones actuales no prestamos atención (y puede que sea verdad).

No hay mecánicas complejas ni sistemas enrevesados. Todo está pensado para que cualquier jugador pueda disfrutarlo, especialmente: Jugadores más jóvenes, gente que no suele jugar plataformas, o simplemente quien quiere algo relajado

Y aquí está uno de sus puntos fuertes: funciona muy bien como puerta de entrada al género, e incluso para iniciarse en el mundo de los videojuegos sin frustrarse.

Exploración y coleccionables: el motor del juego

La base de Dracamar gira en torno a explorar y recoger objetos. Siempre hay algo que buscar: estrellas, semillas, criaturas… lo típico del género. Al principio engancha bastante. Vas viendo algo a lo lejos, te desvías, encuentras recompensas… y esa sensación de “voy a mirar un poco más” funciona muy bien.

El problema llega con el paso de las horas. Ese bucle jugable apenas evoluciona, y aunque los coleccionables sirven para desbloquear contenido, minijuegos o nuevas zonas, la sensación de repetición acaba apareciendo. No es algo que rompa la experiencia, pero sí se nota.

Durante la partida también aparecen pequeños minijuegos y situaciones distintas que ayudan a que todo no sea siempre lo mismo. No son especialmente profundos, pero cumplen su función: romper la rutina y darle algo de variedad al conjunto.

Aquí es donde se nota que el juego intenta mantenerse fresco dentro de su propia sencillez. Pero si sabes a lo que vas, es uno de esos títulos amables que puedes usar para desestresarte y, por qué no, retarte a conseguir el 100% en todos los niveles que se irán abriendo ante nosotros.

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Un apartado visual que entra por los ojos

Si hay algo que Dracamar hace muy bien es lo visual. Es un juego muy colorido, agradable y con un diseño que entra fácil. Los escenarios son vistosos, variados y tienen ese aire mediterráneo que le sienta genial. Todo transmite buen rollo, y eso encaja perfectamente con el tipo de experiencia que propone.

Además, su tamaño reducido es un punto a favor. Es de esos juegos que no ocupan prácticamente espacio y que puedes tener instalados sin problema. Aunque no te equivoques, porque hay diversión para rato si le coges el rollo, pues no es ni especialmente corto ni excesivamente largo.

Una experiencia pensada para desconectar

Después de varias horas, la sensación es bastante clara: es un juego para relajarse. No te va a exigir demasiado, no te va a frustrar y tampoco pretende hacerlo. Es más bien ese título que te pones cuando quieres jugar sin pensar demasiado.

Eso sí, si buscas un plataformas exigente o con mecánicas más profundas, aquí probablemente se te quede corto. Quizás con algo más de tiempo y presupuesto podríamos llegar al nivel de un Lucky’s Tale, por lo que animo al equipo de desarrollo que sigan su camino el cual llegará a títulos más profundos y completos.

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Conclusión

Dracamar es un plataformas humilde, sencillo y efectivo. No destaca por innovar ni por ofrecer una experiencia especialmente profunda, pero sabe muy bien lo que quiere ser y lo cumple.

Es ideal para jugadores que buscan algo ligero, para introducir a alguien en el género o simplemente para desconectar durante unas horas. Tiene sus problemas, especialmente en la repetición, pero aun así consigue ser disfrutable gracias a su accesibilidad y su estilo visual.

Dracamar está disponible en Xbox Series X|S, Xbox One, Nintendo Switch, PC, Playstation 4 y 5. Aquí os dejamos un trailer y el análisis de New Super Lucky’s Tale. Muchas gracias a Petoons Studio por la copia para el análisis en Xbox Series X.

Dracamar

24,99€
7

Nota final

7.0/10

Pros

  • Muy accesible y fácil de jugar
  • Ideal para jugadores casuales o jóvenes
  • Estilo visual colorido y agradable
  • Perfecto para partidas relajadas

Cons

  • Puede volverse repetitivo con el tiempo
  • Poca profundidad en mecánicas
  • Historia muy básica

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