Nos adentramos en una silenciosa y aislada abadía. Un juego que recupera el espíritu de las aventuras gráficas de los 90 que ahora llega a XBOX.
Scholar Adventure: Mystery of Silence es una aventura gráfica de toda la vida creada casi en su totalidad por Ayose Trujillo. Ahora se llamaran Point and Click (por aquello del anglicismo y que realmente es más acertado) pero este recuerda mucho a las obras de Sierra y de Lucas Arts. No sólo en el apartado gráfico y en esa cruceta heredera del motor SCUMM, sino también porque la historia oscura y de misterio no deja de estar salpicada de ironía y humor negro.
La inspiración del mustimo
William es un joven escritor que busca en las aventuras la inspiración para su primera obra. Para ello se embarca rumbo a una Isla solitaria donde reposa una Abadía que dicen está maldita. Desde el comienzo del relato, cuando el escritor se encuentra en una barca con un monje que sólo emite gruñidos, vemos que no va a ser un juego conversacional. Entre gruñido y gruñido, William nos cuenta como un hecho desconocido tornó lo que era una Abadía que destacaba por su música y cantos en un lugar de silencio obligado por sus habitantes.

Esto llama la atención. Este género se sostenía en la conversación, elemento central para la búsqueda de información. Aquí William sólo utilizará la lengua para expresar sus pensamientos y ese “no puedo hacer eso” tan típico al intentar mezclar dos elementos del inventario. Las pocas personas que nos cruzamos por el camino no median palabra y casi ni nos hacen caso. Aquí prima la exploración para encontrar la verdad.
El misterio tiene un único camino.
Nada más llegar a la Isla un monje nos “saluda” golpeando con su bastón el suelo y con ese molesto sonido nos premia si queremos ir a investigar la isla. Primero hay que entrar en la Abadía y una vez dentro no nos deja salir utilizando el mismo método. Son unos primeros pasos demasiado guiados y que le restan ese espíritu aventurero con el que hemos llegado. Sí que crea atmósfera con los pocos efectos que hay en la silenciosa localización, pero que no te dejen deambular es que algo esconden estos monjes.

Y pronto descubrimos que en realidad la isla es muy pequeña. Mystery Of Silence tiene pocas localizaciones para desarrollar la historia y completar los puzles. Por eso el comienzo es tan dirigido, aunque tal vez hubiese estado mejor poner puzles que creen barreras en vez de impedir moverte porque sí. No debería ser un problema pero entonces ya los puzles de inicio se obligan a ser casi directos. El acto de almacenar un objeto aparentemente simple para que mucho después se te encienda la bombilla y lo recuperes aquí sucede muy poco.

Hay tan pocas zonas que no se pueden colmar de objetos que recoger y puzles que resolver por lo que se opta por lo más directo y ninguna llega a tener complejidad. En un golpe de vista se puede entender lo que tenemos que hacer y dónde utilizar el objeto que acabamos de encontrar. No hay ningún momento de bloqueo ni de mezcla aleatoria de elementos del inventario. Y lo peor de todo: no hay momento Eureka que te haga pensar lo listo que eres. Vas desarrollando la aventura de forma casi recta.
La tensión se ve y se escucha.
Pero una cosa que sí tiene Mistery Of Silence es ambientación. El pixel art está muy bien trabajado y a pesar de no tener definición cada cuadradito de color inspira la tristeza del lugar. Todo acompañado por pocos efectos de sonido que acompañan al silencio que reina la abadía. Son notas también lofi que tan bien complementan al pixel. Las pocas animaciones describen muy bien a los personajes y a pesar de la falta de diálogo hay muchos detalles tanto visualmente como en texto.

Hay una historia sobre una pareja maldita que actúa de coleccionable dentro del juego y colma el ambiente ya de por sí cargado. Pero brillan momentos de humor tal vez demasiado negro donde la ironía se abre paso y libera un poco la tensión que se respira. Porque a pesar de lo corta que es la historia sí que que tiene una buena regulación de intensidad que culmina en un buen clímax en el que tendremos que tomar una elección y descubrir uno de los dos finales.
Conclusiones
Scholar Adventure: Mystery of Silence entiende muy bien cómo construir una atmósfera inquietante incluso renunciando al principal recurso de las aventuras gráficas: la conversación. Donde pierde fuerza es en unos puzles demasiado directos que rara vez permiten al jugador sentirse más listo que el propio juego. El misterio invita a seguir hasta el final, pero el camino resulta mucho más guiado de lo que cabría esperar de una aventura gráfica clásica. Aún así esperemos que se publiquen más títulos con el “Scholar Adventure:” delante.



