Wych Elm Games y Team17 recuperan la esencia del survival horror clásico con una aventura de misterio, recursos limitados, exploración metroidvania y mucha personalidad
Hay lugares malditos a los que uno nunca debería viajar. Silver Pines nos invita a visitar uno de esos rincones donde nada parece estar en su sitio y donde cada paso puede acercarnos a una verdad que quizá preferiríamos no conocer.
Desarrollado por Wych Elm Games y publicado por Team17, este survival horror recupera algunas de las sensaciones que hicieron grandes a los clásicos del género. La exploración, los puzles, la gestión del inventario y la escasez de recursos vuelven a ocupar un lugar protagonista, todo ello envuelto en una ambientación que mezcla el misterio del cine negro con una atmósfera cercana al terror psicológico.
Su propuesta también incorpora una estructura metroidvania que nos anima a recorrer una y otra vez las calles de su inquietante localidad. Una combinación que nos recuerda a aquellos juegos en los que encontrar una puerta cerrada podía marcar nuestro próximo objetivo y cada bala recogida se convertía en un pequeño tesoro. Pero, aquí hay una vuelta de tuerca: hasta decidir cuándo guardar la partida puede obligarnos a pensárnoslo dos veces.
Historia: Bienvenidos a Silver Pines
Nuestra aventura comienza con Red Walker, un detective privado que despierta en una cafetería abandonada de Silver Pines. No tarda en recibir una llamada telefónica con una instrucción tan sencilla como inquietante: encontrar a Eddie Velvet, un músico cuya desaparición parece esconder algo mucho más turbio de lo que imaginábamos.

A partir de ahí, nos adentramos en una localidad prácticamente desierta, castigada por una tormenta y habitada por criaturas que convierten cada paseo en una posible amenaza. Entre calles vacías, edificios deteriorados y personajes enigmáticos, tendremos que reunir pistas para comprender qué ha ocurrido y por qué aquel lugar parece haberse quedado atrapado en una pesadilla.
La narración apuesta por el misterio y por ir descubriendo sus secretos poco a poco. Las conversaciones, los documentos y los acontecimientos que encontramos durante la investigación ayudan a completar el puzle.

Aun así, el propio pueblo termina convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de la aventura. Silver Pines es un lugar que invita a investigar, a desconfiar de lo que vemos y a preguntarnos qué demonios ha pasado allí. Y también, como han podido diseñar con tan buen gusto (por los oscuros) este pueblo infernal.
Jugabilidad
Un survival horror con alma de los noventa
Si hay algo que define a Silver Pines, es su manera de recuperar las sensaciones del survival horror tradicional. Aquí no basta con avanzar disparando a todo lo que se mueve. Debemos explorar, administrar nuestros recursos y pensar bien cada decisión, porque nunca sabemos cuándo encontraremos el siguiente botiquín o cuánta munición necesitaremos para superar el próximo enfrentamiento.

La aventura apuesta por una perspectiva lateral con escenarios que aprovechan la profundidad de sus entornos. Esta presentación le da una identidad propia y condiciona tanto la exploración como los combates, sin renunciar a esa filosofía clásica en la que conocer el terreno y prepararnos antes de entrar en una zona peligrosa puede ser tan importante como nuestra habilidad con las armas.
Los controles tienen cierta rigidez y los movimientos pueden sentirse algo anticuados, especialmente si estamos acostumbrados a los survival horror modernos. Es una decisión que encaja con su apuesta por la vulnerabilidad, aunque no siempre resulta igual de satisfactoria cuando la acción se complica. Porque una cosa es sentirnos indefensos ante el peligro y otra que el propio control nos ponga las cosas demasiado difíciles.
Cada bala cuenta
En Silver Pines no somos una máquina de matar. Red debe enfrentarse a criaturas que pueden complicarnos las cosas en cuestión de segundos, y la escasez de recursos nos obliga a medir nuestros pasos antes de entrar en combate. No siempre merece la pena gastar munición para acabar con todos los enemigos, especialmente cuando todavía nos queda mucho pueblo por investigar.
Una de las mecánicas más interesantes es la recarga manual del revólver. Tenemos que introducir las balas una a una, incluso cuando los enemigos continúan acercándose. Es un detalle sencillo, pero consigue que una acción tan habitual como recargar se convierta en un momento de tensión. Si nos precipitamos, podemos encontrarnos indefensos justo cuando más necesitamos disparar.
Por si fuera poco, las armas se deterioran con el uso y tendremos que repararlas utilizando materiales como la cinta americana. Así, el armamento no es una solución permanente, sino otro elemento que debemos mantener bajo control. Entre la munición disponible, el estado de nuestras armas y los recursos que llevamos encima, cada enfrentamiento nos obliga a valorar si merece la pena luchar o si es preferible huir de momento.
La idea funciona especialmente bien sobre el papel y refuerza esa sensación de supervivencia tan propia de los clásicos. Sin embargo, el combate también tiene sus irregularidades. Los controles pueden resultar toscos y la acción no siempre transmite la precisión que nos gustaría. Es una mecánica que funciona mejor como parte de la gestión del peligro que como un sistema de acción especialmente profundo.
Exploración: Metroidvania Horror
Silver Pines está formado por diferentes zonas conectadas entre sí, con calles, edificios y pasadizos que iremos descubriendo durante la investigación. Muchas rutas permanecen bloqueadas al principio, por lo que tendremos que encontrar herramientas, resolver acertijos y regresar a lugares que ya creíamos conocer.

Esta estructura recuerda a los metroidvania tradicionales, aunque aquí la exploración está estrechamente ligada a la supervivencia. Encontrar un objeto puede ayudarnos a resolver un puzle, reparar nuestro equipo, acceder a una nueva zona o conseguir la tan necesaria municion. Por eso conviene prestar atención a los detalles y recordar aquellos obstáculos que dejamos atrás, como un acceso cerrado que podemos cortar con un cuter.
La sensación de ir conectando las piezas y descubrir nuevos caminos es uno de sus principales atractivos. El diseño invita a observar el entorno y a investigar rincones que, a primera vista, podrían parecer secundarios.

Sin embargo, volver sobre nuestros pasos también puede hacerse algo repetitivo, y no todos los recorridos aprovechan el potencial de su estructura. Hay momentos en los que explorar resulta estimulante y otros en los que se convierte en un trámite para llegar al siguiente objetivo.
Inventario y recursos: prioridades de supervivencia
En Silver Pines, todo lo que recogemos debe encontrar su sitio en el abrigo de Red Walker, por lo que tendremos que pensar bien qué objetos merece la pena llevar encima. La munición, los elementos curativos y los materiales para reparar nuestras armas compiten por un espacio limitado, obligándonos a planificar, combinar y aprovechar al máximo los recursos disponibles.
Pero hay una mecánica que me parece especialmente acertada: para guardar la partida debemos introducir monedas en las cabinas telefónicas repartidas por el escenario. ¿El problema? Ese mismo dinero también sirve para comprar munición. De repente, asegurar nuestro progreso o prepararnos para los siguientes enfrentamientos se convierte en una decisión de supervivencia.
Entre las armas que se deterioran, la peculiar recarga manual del revólver (se convierte en un rápido minujuego) y un inventario que nunca parece suficiente, cada recurso cuenta. Son ideas sencillas, pero consiguen que hasta algo tan rutinario como guardar la partida nos haga pensar dos veces antes de gastar nuestras últimas monedas.
Apartado técnico: un pueblo de belleza inquietante
Visualmente, Silver Pines tiene una personalidad que va más allá de su perspectiva bidimensional. Su dirección artística combina escenarios detallados y una estética cercana a la ilustración para construir una localidad que parece atrapada entre la realidad y una pesadilla.
Uno de los aspectos más llamativos es el trabajo de sus animaciones, creadas a partir de movimientos grabados por los propios desarrolladores y dibujados posteriormente fotograma a fotograma. Este proceso artesanal encaja con la identidad visual del juego y ayuda a dar vida a sus personajes, aportando un carácter particular a sus movimientos.
Las calles desiertas, los interiores abandonados y los rincones iluminados por neones construyen una atmósfera cargada de desasosiego. La paleta de colores apagados contrasta con los puntos de luz que destacan en la oscuridad, mientras que los escenarios aprovechan la profundidad para transmitir la sensación de que siempre hay algo esperando al fondo.
Su mayor fortaleza está en esa dirección artística, aunque algunos planteamientos jugables y de diseño no alcanzan el mismo nivel de inspiración. En lo meramente tecnico el juego rinde perfectamente en Xbox Series X, sin rascones ni tiempos de carga entre zonas.
Sonido: el silencios del miedo
En una aventura de estas características, el apartado sonoro tiene una responsabilidad enorme. No basta con acompañar la acción con una melodía oscura: también hay que saber cuándo dejar espacio al silencio y cuándo utilizar la música para aumentar nuestra sensación de peligro.
Silver Pines apuesta por una ambientación sonora que acompaña la exploración. Sus composiciones ayudan a mantener la incertidumbre durante la investigación, mientras que los efectos ambientales refuerzan la impresión de estar recorriendo un lugar abandonado en el que cualquier ruido puede ponernos en alerta.
El doblaje original en inglés encaja con el tono de misterio de la aventura, con voces muy bien resueltas, mientras que los textos en español nos permiten seguir las conversaciones, interpretar las pistas y comprender mejor los acontecimientos que rodean a Red Walker. Podriamos decir que en conjunto, sonido e imagen trabajan en la misma dirección.
Conclusión
Silver Pines sabe muy bien de dónde viene. Su apuesta por la exploración, los puzles y los recursos limitados demuestra que todavía hay espacio para recuperar las sensaciones de los survival horror clásicos sin limitarse a copiar su apariencia.
La investigación de Red Walker nos conduce por un pueblo con personalidad propia, mientras que la estructura metroidvania nos anima a volver sobre nuestros pasos y prestar atención a cada rincón. Sin embargo, son algunas de sus mecánicas más pequeñas las que mejor resumen su filosofía: recargar el revólver bala a bala, reparar nuestras armas con los materiales que encontramos y decidir si las monedas que llevamos encima sirven para guardar la partida o comprar munición.
Son decisiones que convierten la supervivencia en algo más que una sucesión de enfrentamientos y que consiguen mantenernos alerta incluso cuando no tenemos un enemigo delante. Su dirección artística también aporta carácter a la aventura, con unas animaciones artesanales y una ambientación que nos invita a descubrir qué ocurrió realmente en Silver Pines.
No todo funciona igual de bien. El combate puede sentirse tosco, algunos recorridos resultan repetitivos y su estructura metroidvania tiene margen de mejora. También habría sido interesante encontrar una experiencia que apretase un poco más las tuercas del terror, aprovechando todavía mejor la vulnerabilidad que transmite su propuesta.
Aun así, Wych Elm Games firma una aventura recomendable para quienes echen de menos aquellos juegos en los que sobrevivir era tan importante como descubrir qué demonios estaba ocurriendo. Como ya ocurria con Silent Hill o Resident Evil, a veces no necesitamos un gran arsenal ni un héroe invencible para disfrutar del terror. Basta con un pueblo que esconde demasiados secretos y la tension de solo unas pocas balas en el bolsillo.
Silver Pines
22,49 eurosPros
- Una ambientación inquietante con una dirección artística muy personal.
- La combinación de exploración, puzles y supervivencia clásica.
- La gestión de recursos, e ideas como recarga manual o la decisión de compartir monedas entre el guardado y la compra de munición.
- Una propuesta con personalidad para quienes disfrutan del survival horror de la vieja escuela.
Cons
- El combate puede resultar tosco y poco preciso.
- El terror no siempre alcanza la intensidad que promete su ambientación.
- La estructura metroidvania podría estar mejor aprovechada con Algunos recorridos de vuelta poco estimulantes.


