La satisfacción de los juegos de gestión radica en en esos momentos en los que después de haber planificada, contruido y depurado un sistema ves que funciona. Ese placer que dura escasamente unos minutos antes de encontrar otro objetivo que estudiar, planificar y mejorar. De esto lleva más de una década ocupándose el estudio suizo Urban Games, primero con Train Fever y después con la saga Transport Fever. Su tercera entrega, no pretende reinventar el género. Sólo se encarga de depurar la misma técnica resolviendo problemas que lastraban los anteriores juegos.
Harder, Better, Faster, Stronger
Transport Fever 3 nos pone al frente de una empresa de transportes con la misión de conectar ciudades, industrias y personas. Empezamos con dinero limitado, unas cuantas poblaciones y un mapa donde las materias primas rara vez están al lado de quienes las necesitan. Por lo tanto necesitamos carreteras, vías ferroviarias, estaciones o puertos, compramos vehículos y establecemos las rutas. La conexión entre todas las partes del maravilloso mundo del consumusmo hará crecer la economía de nuestros clientes – todos los implicados en el juego del capitalismo- y por su puesto la nuestra.

Pero esto no es colocar un tren entre dos ciudades y esperar a que los billetes paguen las facturas. El tiempo pasa y esa carretera de tierra con una línea tirada por caballos se queda obsoleta. Las ciudades crecen y surgen nuevas necesidades, cada vez más grandes, cada vez más rápidas. No es una empresa que se vea crecer de forma automática. Y ahí está buena parte de la gracia: No se trata únicamente de encontrar una solución, sino de anticipar cuánto tiempo seguirá siendo válida.
El dinero sin eficiencia no sirve de nada.
Los comentarios generalizados se quejaban de que Transport Fever 2 podía terminar convirtiéndose en una máquina de hacer dinero una vez superados los primeros obstáculos económicos, y por lo tanto se perdía la complejidad de la propuesta. Con todo el dinero del mundo, se puede hacer cualquier cosa, eh Elon? Urban Games ha querido complicarnos un poco más la vida introduciendo una mayor relación entre los distintos sistemas. Las ciudades no crecen únicamente porque les llevemos mercancías. También importan la satisfacción de sus habitantes, la calidad del transporte público, el ruido o la contaminación. Podemos construir una ruta muy rentable y descubrir que estamos perjudicando precisamente a la población que pretendíamos desarrollar.

La industria también exige mayor atención. Las cadenas de producción necesitan diferentes materias primas y las entregas tienen que realizarse con cierta eficiencia. Algunos productos pierden valor si tardan demasiado en llegar, por lo que ya no basta con conectar dos puntos del mapa de cualquier manera .Los almacenes permiten organizar las mercancías antes de repartirlas y los transbordos adquieren mayor importancia. Una cadena logística puede implicar varios vehículos y medios de transporte. Si uno falla, el problema termina extendiéndose al resto. Es una complejidad interesante porque nace de las relaciones entre sistemas y crecen con las ciudades y con nuestro conocimiento.
La grandes ciudades están en obras siempre.
No construimos directamente sus edificios, pero nuestras decisiones condicionan su crecimiento. Los ciudadanos necesitan desplazarse entre sus viviendas, trabajos y lugares de ocio. Si les proporcionamos un transporte público eficiente, podemos reducir el tráfico privado. Si lo hacemos mal, los atascos terminarán afectando también a nuestros autobuses y camiones. Para evitarlo disponemos de herramientas que permiten modificar carriles, semáforos, giros y prioridades. Los trenes también necesitan una planificación cuidadosa, especialmente cuando distintas líneas comparten vías.

Todo esto tiene consecuencias económicas. Ampliar una carretera en mitad de una ciudad desarrollada puede obligarnos a modificar buena parte de su entorno. Construir una estación sin reservar espacio para futuras ampliaciones tampoco parece una gran idea cuando empiezan a llegar más pasajeros de los previstos.Transport Fever 3 convierte así la planificación en una cuestión de futuro. Lo que hoy parece barato puede salir bastante caro dentro de unos años.
De La diligencia al Beluga.
Tenemos trenes, autobuses, camiones, barcos y aviones, además de novedades como los helicópteros y los tranvías de mercancías.Cada medio tiene sus ventajas y limitaciones. Un helicóptero puede conectar lugares complicados sin levantar grandes infraestructuras, pero no sustituye la capacidad de transporte de un ferrocarril. Los camiones ofrecen flexibilidad, aunque también sufren las consecuencias del tráfico.

A esto se suma la evolución tecnológica a lo largo de más de un siglo. En el modo libre podemos empezar desde 1900. Los vehículos envejecen, aumentan sus costes de mantenimiento y terminan siendo sustituidos por modelos más eficientes. La elección no depende únicamente de comprar lo último que aparece en el catálogo. Hay que valorar la capacidad, la velocidad, los costes y las necesidades de cada línea.
Todo a golpe de vista y Click de Ratón.
Con toda la inforación que se maneja en pantalla llama la atención como Transport Fever tiene una Intefaz tan simple en un primer golpe de vista pero tan profunda una cez empiezan a surgir las ventanas. El manejo de las líneas de tráfico resulta muy eficaz e intuitivo desde el primer momento. Pero que la información esté bien organizada no significa que estemos ante un simulador sencillo. Aprender a construir una línea es una cosa; comprender cómo afecta a toda la economía del mapa es otra.

La campaña, compuesta por ocho misiones, ayuda a conocer sus principales sistemas, aunque las explicaciones no siempre profundizan lo suficiente. El aprendizaje continúa dependiendo de observar, probar y equivocarse. El modo libre es donde la fórmula encuentra mayor espacio para desarrollarse. Los distintos entornos, las opciones de personalización y la evolución de las ciudades permiten afrontar cada partida de maneras diferentes.

Visualmente también resulta atractivo contemplar cómo crece nuestra particular maqueta. La iluminación, el clima y el movimiento de vehículos y ciudadanos ayudan a transmitir la sensación de un mundo que sigue funcionando mientras nosotros intentamos poner orden. Y aquí sí que se puede manejar la cámara bien con el mando de la Xbox, pero lo que es la navegación de por los menús es prácticamente nula. Cuesta llegar a según que zonas. Lo mejor es rendirse y apostar por el teclado y ratón para una experiencia plena. La gestion, como el excel, no funcionan con mando.
Conclusiones
Transport Fever 3 no supone una revolución para la saga, pero sí una evolución importante de sus sistemas. La mayor relación entre industrias, ciudades y transportes consigue que ganar dinero deje de ser el único objetivo y obliga a pensar constantemente en las consecuencias de nuestras decisiones. Su profundidad también es su principal barrera. La cantidad de información y las relaciones entre mecánicas pueden resultar abrumadoras para quienes se acerquen por primera vez al género, incluso con las mejoras de interfaz.Pero empezar desde epocas donde la vida era más sencilla (The good old times) ayuda a interiorizar los conceptos básicos e ir evolucionando con los tiempos. Construir una red rentable es relativamente sencillo; conseguir que siga funcionando mientras todo cambia a su alrededor es el verdadero desafío. Transport Fever 3 no trata únicamente de llevar pasajeros y mercancías a su destino, sino de aprender que ninguna ruta funciona para siempre.


