Imperfecto, insistente y tremendamente adictivo
Hay juegos que se disfrutan por su pulido técnico, otros por su ambición creativa, y luego están aquellos que, aun tropezando una y otra vez, consiguen que sigas jugando casi sin darte cuenta. Code Vein 2 pertenece claramente a este último grupo. No es un título redondo, ni pretende ocultar sus costuras. Tiene problemas visibles de rendimiento, una reutilización de enemigos que acaba pesando y un apartado visual que no siempre está a la altura de sus aspiraciones. Y aun así, es difícil dejarlo.
Porque cuando Code Vein 2 funciona —y lo hace más veces de las que cabría esperar— lo hace gracias a una fórmula jugable muy bien interiorizada, que mezcla JRPG y Souls-like con una naturalidad poco habitual. No es un simple clon ni una imitación sin alma: es un juego que sabe qué quiere tomar de cada género y cómo adaptarlo a su propia identidad.

Un mundo roto que apuesta por lo emocional
Narrativamente, Code Vein 2 vuelve a moverse en terrenos conocidos: un mundo devastado, una sociedad al borde del colapso y personajes marcados por decisiones pasadas. No es una historia revolucionaria, pero sí una que se apoya con acierto en el tono. Aquí hay melancolía, culpa y una sensación constante de decadencia que encaja muy bien con el universo del juego.
La forma de contar la historia bebe claramente del diseño Souls: información fragmentada, conversaciones medidas y mucho subtexto. Sin embargo, Code Vein 2 no renuncia al ADN JRPG. Hay más diálogo, más énfasis en los personajes y una voluntad clara de generar vínculos emocionales con los compañeros de viaje.
No todo el guion está al mismo nivel. El ritmo es irregular y algunos tramos se alargan más de lo necesario, pero cuando el juego se centra en las relaciones entre personajes y en los conflictos internos, logra momentos sinceros que funcionan mejor de lo esperado. No es una historia que golpee desde el primer minuto, sino una que se va asentando poco a poco.

Jugabilidad: el corazón que lo sostiene todo
Donde Code Vein 2 realmente se gana al jugador es en su jugabilidad. El sistema de combate es una evolución clara del original, refinando una base ya sólida. Sigue siendo un combate exigente, basado en la lectura del enemigo, la gestión de la resistencia y el posicionamiento, pero con un ritmo algo más ágil que el de los Souls más tradicionales.
Esta agilidad no lo convierte en un juego fácil, pero sí en uno más accesible. El margen de error es mayor y el castigo, aunque presente, resulta menos frustrante. Es un equilibrio bien medido que permite disfrutar del reto sin caer en la sensación constante de ensayo y error.
Uno de los mayores aciertos vuelve a ser el sistema de clases intercambiables. Poder modificar tu estilo de juego sin empezar desde cero invita a experimentar continuamente. Cambiar habilidades, probar sinergias o adaptar tu build a una situación concreta forma parte del núcleo de la experiencia. Aquí se nota claramente la influencia JRPG, y es uno de los principales motivos por los que el juego engancha tanto.
No todo está perfectamente equilibrado, pero la sensación de progreso constante y la libertad para experimentar hacen que siempre haya un motivo para seguir jugando.

Control, cámara e impacto: cuando el sistema no termina de responder
Ahora bien, no todo en el control responde igual de bien. Uno de los aspectos más mejorables es el comportamiento de la cámara, especialmente en entornos cerrados o a corta distancia. En combates contra enemigos grandes o en zonas con geometría estrecha, la cámara tiende a jugar malas pasadas, dificultando la lectura de la acción y provocando situaciones algo frustrantes que no siempre dependen de la habilidad del jugador.
A esto se suma una sensación de impacto algo limitada en determinados ataques. Aunque el sistema de combate funciona a nivel mecánico, no siempre transmite la contundencia que debería. Falta algo más de feedback visual y sonoro en los golpes, lo que hace que ciertos enfrentamientos se sientan menos satisfactorios de lo que podrían, incluso cuando el daño o la ejecución son correctos.
La interfaz tampoco ayuda del todo. El HUD resulta algo abrumador, especialmente en lo referente a la gestión de misiones. Todas se acumulan sin una jerarquía clara, sin diferenciar de forma efectiva entre misiones principales y secundarias, lo que puede generar confusión y romper el ritmo del avance. No es un problema grave, pero sí una fricción constante que habría sido fácil de pulir.

Repetición de enemigos y desgaste
Otro de los problemas más evidentes del juego es la repetición de enemigos. Hay demasiados enfrentamientos que reutilizan patrones ya conocidos, y algunos jefes reaparecen más adelante como enemigos comunes, perdiendo buena parte de su impacto inicial.
Esto no rompe la experiencia, pero sí la erosiona. La sensación de peligro disminuye cuando sabes exactamente qué esperar, y el desafío pasa de ser tenso a simplemente mecánico. Aun así, el sistema de combate es lo suficientemente satisfactorio como para que incluso estos encuentros sigan resultando entretenidos.
La dificultad también presenta altibajos. Hay picos muy bien diseñados y otros que parecen basarse más en saturar la zona de enemigos que en proponer un reto realmente interesante.
Diseño de niveles: entre inspiración y reciclaje
El diseño de niveles alterna momentos muy inspirados con otros claramente más rutinarios. Hay zonas que destacan por su verticalidad, sus atajos bien colocados y una ambientación conseguida que recuerdan a Dark Souls o incluso a Elden Ring. En esos tramos, el juego brilla.
Sin embargo, también hay áreas excesivamente lineales, con estructuras repetidas y una sensación de reciclaje difícil de ignorar. Es aquí donde se perciben más claramente las limitaciones del proyecto. Aun así, la dirección artística consigue salvar muchos de estos escenarios gracias al uso del color y al diseño general del mundo.

Estética anime: personalidad sin complejos
Visualmente, Code Vein 2 apuesta sin reservas por la estética anime. Personajes estilizados, diseños exagerados y una identidad visual muy marcada hacen que el juego sea reconocible desde el primer minuto.
Los modelos de los personajes están bien trabajados y las animaciones de combate cumplen con solvencia. No todo el apartado gráfico está al mismo nivel: los entornos no siempre acompañan y algunas texturas se quedan cortas, pero el conjunto resulta coherente y atractivo para los amantes de este estilo artístico.
Banda sonora: un sello de calidad reconocible
La banda sonora es uno de los grandes aciertos del juego, y no es casualidad. Detrás de ella está Go Shiina, compositor conocido por su trabajo en Guardianes de la Noche, God Hand o la saga Tales of. Su sello es inconfundible.
Las composiciones combinan intensidad y melancolía con gran acierto, acompañando la acción sin saturar y reforzando los momentos clave del juego. Los temas de combate aportan tensión y energía, mientras que las piezas más pausadas encajan perfectamente con el tono decadente del mundo. Es un apartado que eleva la experiencia y deja huella, especialmente en los enfrentamientos más importantes.

Rendimiento y apartado técnico
El principal punto débil del juego sigue siendo el rendimiento. Caídas de frames, tirones puntuales y cargas irregulares rompen la fluidez en momentos clave. No es injugable, pero sí frustrante en un título que depende tanto de la precisión en combate.
Gráficamente cumple sin destacar. Los modelos principales están bien trabajados, pero el entorno no siempre mantiene el mismo nivel de detalle. Es un apartado funcional, aunque lejos de los referentes del género.
Duración y rejugabilidad
La campaña principal supera con facilidad las 40 horas, ampliables gracias a la exploración, el contenido secundario y la experimentación con builds. El postgame se apoya sobre todo en la rejugabilidad del sistema de combate y en el interés por probar nuevas configuraciones.
No todo el contenido adicional es especialmente inspirado, pero sí suficiente para justificar la duración total.
Conclusión
Code Vein 2 es un juego con errores claros, pero también con una identidad muy marcada. Su mezcla entre JRPG y Souls-like sigue siendo tremendamente adictiva, su sistema de combate invita a experimentar constantemente y su estética anime, acompañada por una banda sonora de gran nivel, le da personalidad propia.
No es un título perfecto ni técnicamente brillante, pero sí una experiencia honesta, pensada para quienes disfrutan de este tipo de propuestas y están dispuestos a aceptar sus limitaciones. Cuando la fórmula funciona, los fallos pesan un poco menos. Y Code Vein 2 es un buen ejemplo de ello.


