El estudio High Room Studio nos propone una original propuesta donde encarnamos a un pollo que debe escapar de un matadero
Dentro del panorama independiente siempre surgen propuestas que buscan sacudir al jugador con ideas poco habituales. Saborus, desarrollado por High Room Studio y publicado por QUByte Interactive, es una de ellas. Su premisa no solo sorprende, directamente incomoda. Aquí no encarnas a un héroe curtido, ni a un detective con linterna y pistola, sino a… una gallina. Una gallina atrapada en un siniestro matadero donde nada es lo que parece y donde cada rincón respira amenaza. A partir de ahí, el estudio construye un título de terror que apuesta por la vulnerabilidad absoluta y por un enfoque de sigilo constante. No siempre acierta, pero sin duda consigue dejar huella.

¡Acabarás hecho hamburguesa!
En cuanto arrancas, Saborus deja claro que no pretende ofrecer un terror convencional. La perspectiva de vivir la experiencia desde el punto de vista de un animal indefenso es, sin duda, uno de sus mayores aciertos. Desde el primer minuto el jugador se siente frágil, pequeño y constantemente observado. Esa vulnerabilidad define cada decisión, cada pasillo oscuro y cada ruido metálico que resuena en la fábrica.
El juego se apoya en una narrativa ambiental. No hay largas cinemáticas ni explicaciones al uso. La historia se va descubriendo a través del propio escenario, dejando entrever el trasfondo cruel y retorcido de la compañía responsable de este matadero industrial, así como los horrores que se ocultan en él. Es un tipo de terror que no necesita sustos fáciles, porque son los propios espacios los que generan inquietud.

Imperfecto en lo jugable
Aquí no existen armas, ni siquiera la posibilidad de enfrentarse directamente a los enemigos. La jugabilidad se centra en tres pilares, esconderse, correr y resolver pequeños acertijos. El pico de la gallina sirve para acciones muy sencillas, como activar interruptores o mover objetos ligeros, pero nada más. Es decir, cualquier error se paga caro.
Este enfoque, aunque muy arriesgado, consigue transmitir tensión real. Moverse lentamente por los pasillos, medir los pasos de los enemigos y calcular cuándo avanzar y cuándo quedarse agazapado crea una sensación constante de peligro. Los puzles suelen ser sencillos, pero cumplen su función, ya que pausan la tensión y permiten respirar entre persecuciones.
Ahora bien, la propuesta no está libre de tropiezos. Los controles, en ciertos momentos, se sienten imprecisos. Algunas animaciones resultan toscas y la física de los objetos no siempre responde como debería. Esto puede romper la inmersión, especialmente cuando un puzle se vuelve frustrante por culpa del propio juego y no por su dificultad real.
Además, el ritmo no siempre acaba de cuajar. Hay tramos intensos y muy bien construidos que se ven seguidos por otros demasiado largos o repetitivos. Es un problema común en muchos indies de terror, pero aquí se nota más debido a la fragilidad permanente del personaje. Si el juego no mantiene la tensión, el impacto se diluye.

Una ambientación incómoda y absorbente
Donde Saborus más brilla es en su atmósfera. Visualmente presenta un entorno industrial sucio, oxidado, lleno de sombras y cámaras de seguridad. No es un juego que entre por los ojos por su calidad técnica, sino por su capacidad para generar incomodidad. La paleta oscura y la iluminación agresiva se combinan con escenarios estrechos que potencian la claustrofobia.
Xbox Series X mueve el juego sin problemas, aunque se noten las limitaciones propias de una producción pequeña. Algunos modelados son simples, ciertas texturas se repiten y la iluminación no siempre es coherente, pero la intención artística se mantiene firme, provocar inquietud.
El apartado sonoro, por su parte, es imprescindible para que Saborus funcione. Los crujidos, susurros de maquinaria, pasos lejanos y ecos metálicos crean una tensión constante. En más de una ocasión el sonido te obliga a detenerte y escuchar, intentando adivinar si lo que oyes está cerca o es solo parte del ambiente. Es un diseño que juega con tus nervios y, aunque no siempre es sutil, sí es efectivo.

Conclusiones
Saborus es uno de esos juegos que se recuerdan más por lo que intentan que por lo que consiguen. Su ambientación, su propuesta y su forma de transmitir vulnerabilidad lo hacen especial dentro del género. No es perfecto, ni lo pretende. Pero sí es honesto, valiente y capaz de ofrecer un tipo de terror que no se ve todos los días.
Para jugadores que buscan experiencias distintas, oscuras y tensas, Saborus puede ser una pequeña joya imperfecta. Para quienes esperan un ritmo alto o una producción más pulida, quizá se quede corto. Pero si te dejas llevar por su atmósfera opresiva, descubrirás un terror que entra por los nervios… y se queda un buen rato.



