Cyanide nos regala el título más redondo protagonizado por el carismático Styx, pero que aun cuenta con aspectos que pulir.
Si hay una saga que sabe cómo poner al jugador al servicio de las sombras, esa es la de Styx. Tras años visitando mundos crueles e inhóspitos como protagonista inesperado (un goblin con un gran carisma, cruel, egoísta y muy hábil) el estudio francés Cyanide nos trae Styx: Blades of Greed, la tercera entrega de la saga, con la intención de condensar todo lo aprendido en una experiencia más centrada, accesible y directa. El resultado es una mezcla curiosa, con un apartado sigiloso sólido y satisfactorio, pero con varios elementos que, hoy en día, se sienten un poco estancados.

Una historia que no logra arrancar
La campaña de Styx: Blades of Greed nos sitúa en el mismo universo que sus predecesores, un mundo oscuro de fantasía donde humanos, elfos, orcos y demás criaturas coexisten con constantes conflictos. Aquí, Styx vuelve a meterse en problemas, motivado por su codicia innata y la promesa de riquezas, secretos arcanos y poder oculto.
La historia se siente deliberadamente ligera y algo dispersa. Más que un argumento profundo, la narrativa actúa como telón de fondo para una serie de misiones que giran en torno a infiltraciones, robos, sabotajes y asesinatos. Hay una sensación constante de caos político y traición, pero no se explota con la profundidad que podría esperarse. Styx es un narrador cínico y sarcástico, lo cual aporta personalidad, pero la campaña no tiene momentos memorables más allá de algunos giros predecibles y diálogos que buscan humor ácido constantemente.
Este tono puede funcionar para muchos, especialmente si ya conoces la saga y te encanta la personalidad irónica y sarcástica del goblin. Si no, la historia puede sentirse un tanto superficial y repetitiva, enfocándose más en situaciones que en una narrativa realmente satisfactoria.

Sigilo puro y duro
El corazón de Styx: Blades of Greed es, sin duda, el uso del sigilo. El juego se apoya en mecánicas clásicas como esconderse en sombras, moverse en silencio, usar cuchillos o habilidades especiales para pasar desapercibido o eliminar objetivos sin ser detectado. Y en ese sentido cumple bastante bien.
Manejar a Styx se siente fluido y responde bien a nuestros mandos. El personaje tiene las herramientas necesarias para moverse con agilidad, como la invisibilidad temporal, la colocación de trampas, el lanzamiento de dagas o el uso de clones para distraer a los enemigos. El juego recompensa la paciencia y la observación. Planear rutas, usar atajos y estudiar los patrones de los guardias da una satisfacción que no siempre encontramos en propuestas más frenéticas. Pese a que todo lo que hace el título lo hace bien, echamos en falta algo más de originalidad, ya que casi todas las mecánicas ya las hemos visto en multitud de videojuegos del género.
Sin embargo, hay problemas que lastran la experiencia. Por un lado está la IA enemiga irregular. En ocasiones los enemigos tienen patrones previsibles y reaccionan de forma casi robótica, lo que reduce la tensión cuando debería ser máxima. Otras veces, reaccionan de forma excesiva, como si te hubieran visto sin realmente hacerlo. Este comportamiento inconsistente rompe la inmersión y el sentido de desafío justo. Además, si nos descubren estamos prácticamente muertos, ya que el combate es prácticamente inservible, como en anteriores entregas.
Un aspecto muy positivo es el de la personalización de nuestro protagonista, ya que contaremos con diferentes árboles de habilidades bastante extensos, donde podemos hacer y deshacer todo a nuestro antojo. Esto hace que podamos jugar de muchas formas distintas dependiendo de los gustos de cada jugador, o ir intercalando según nos plazca.
Otro elemento que cambia respecto a anteriores entregas es la inclusión de un mundo abierto. El juego ya no cuenta con misiones lineales que tenemos que superar mientras avanzamos en la historia, si no que contamos con grandes zonas abiertas donde habrá infinidad de posibilidades de superar las misiones, además de la inclusión de bastantes coleccionables y misiones secundarias. Esta inclusión es perfecta para los jugadores que busquen más diversidad en la jugabilidad, pero que será criticada por jugadores que busquen una experiencia más condensada.

Un salto notable en lo gráfico
Con Styx: Blades of Greed Cyanide cambia de motor al Unreal Engine 5 y eso se nota. Los entornos están mejor diseñados y el uso de luces y sombras es bastante bueno. Por otro lado, las texturas y modelados , son correctos, sin pasarse de ambiciosos. No es un juego que vaya a ganarte por potencia gráfica, pero sí por su estilo funcional. Se puede contemplar un salto enorme respecto a anteriores entregas, pero aún bastante por detrás de otros videojuegos que podemos encontrar en el mercado.
Donde sí hay algo que mejorar es en las animaciones y transiciones. No siempre fluyen con naturalidad, y hay ocasiones en las que el movimiento de Styx entre sombras y barreras se siente algo torpe o forzado. Esto no rompe la experiencia, pero sí resta fluidez visual al conjunto. Además, las cinemáticas, por alguna extraña razón, suelen romperse, sufriendo de ralentizaciones o imágenes distorsionadas bastante extrañas.
El rendimiento en Xbox Series X es estable, con tiempos de carga rápidos y una tasa de frames que rara vez flaquea incluso en escenarios complejos. Esto ayuda a que el ritmo de sigilo no se vea interrumpido por tirones o caídas gráficas.

Shhhh, no hagas ruido
El diseño de audio es uno de los pilares que sostienen la inmersión en Blades of Greed. La música es sutil, no invasiva, con tonos bajos que aumentan la tensión sin abrumar. Los efectos de sonido como pisadas en madera, el lejano tintineo de armaduras, el breve susurro de una daga, están bien cuidados y ayudan a marcar diferencias entre espacios seguros y peligrosos.
La actuación de voz de Styx es particularmente notable. Su tono sarcástico, burlón y cínico aporta mucho carácter al juego, incluso cuando la narrativa no alcanza notas memorables. Él hace que algunas escenas destaquen más de lo que deberían. El resto de personajes vocales es funcional. No hay grandes interpretaciones, pero tampoco errores llamativos y, además, gozan de una personalidad algo plana en comparación con nuestro protagonista.

Conclusiones
Ante la falta de títulos de sigilo puros, Styx: Blades of Greed es una experiencia de sigilo que tiene rasgos brillantes como algunas áreas mejorables. Se disfruta de verdad cuando abrazas su ritmo lento, su necesidad de planificación y esa satisfacción que solo da completar una misión sin ser visto. Las mecánicas básicas de infiltración y ocultación funcionan bien, y el diseño de niveles acepta el enfoque estratégico del jugador. No obstante, la IA inconsistente, la narrativa algo ligera y algo de falta de innovación impiden que sea un título redondo.
En resumen, Styx: Blades of Greed es ideal para quienes buscan una experiencia de sigilo clásica, con una personalidad peculiar y suficientes momentos tensos como para mantener el interés. No reinventará el género, pero tiene suficientes virtudes como para justificar una buena parte de tu tiempo si el sigilo es lo tuyo. Estamos deseando ver como los franceses de Cyanide siguen trabajando y mejorando la saga.



