La nueva bizarrada de Edmund McMillen es un roguelike de estrategia por turnos que no te dejará jugar a otra cosa.
Explicar cómo es un videojuego de Edmund McMillen nunca es tarea fácil. Su particular estilo y el caos que suele haber siempre en sus propuestas hacen que ver estos títulos desde fuera sea como meterse un tripi. Sin embargo, dentro de toda esta locura, se esconden verdaderas obras maestras. Juegos que, una vez que conectas con ellos, sabes que no vas a poder soltar después de unas cuantas decenas de horas. Es exactamente lo que ocurre con Mewgenics.
La nueva ida de olla del creador de The Binding of Isaac es un roguelite táctico por turnos en el que criamos gatos, heredamos sus características, construimos equipos y los mandamos a combatir contra todo tipo de criaturas. Sí, dicho así suena absurdo. Y lo es. Pero funciona de una manera extraordinaria.
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Mewgenics es un proyecto que se anunció originalmente en 2022. Sin embargo, el título quedó en el limbo durante unos cuantos años cuando McMillen anunció su salida de Team Meat para centrarse en sus propios proyectos. Aunque se creía que estaba cancelado, Mewgenics renació con una de sus siete vidas en abril del año pasado con un nuevo tráiler y un aspecto más pulido. Ahora, junto a Tyler Glaiel (The End Is Night) y bajo el sello de la editora Nicalis, Edmund firma más de diez años después una nueva y peculiar obra maestra.
Porque Mewgenics partirá de una premisa aparentemente sencilla, pero cuanto más profundizamos, más sistemas aparecerán. Y cuando creemos que ya hemos entendido cómo funciona todo, el juego introduce otra capa de posibilidades.
Tácticas felinas
Nada más iniciar una nueva partida en Mewgenics, nos sorprenderá el Dr. Beanies. Tras una “curiosa” charla con él, este profesor chiflado nos hará elegir entre dos de tres gatos de su laboratorio. Una vez hayamos escogido un macho y una hembra (no preguntéis qué pasa con el tercero), nos mandará a la aventura. En este momento nos enseñarán las principales nociones del combate.
Las batallas se centran en un sistema táctico por turnos donde moveremos a nuestras bigotudas unidades dentro de una cuadrícula. Cada gato tiene un ataque básico que podrá usar de manera gratuita una vez por turno. También una serie de habilidades activas que podremos usar las veces que queramos a cambio de maná (luego profundizaré más en esto último). Al finalizar cada turno, cada unidad regenerará cierta cantidad de este maná que podremos utilizar o guardar para el siguiente. El combate terminará cuando hayamos acabado con todas las unidades enemigas principales.

Si uno de los felinos de nuestro equipo recibe demasiado daño, quedará incapacitado. Esto no quiere decir que esté muerto, ojo. Si conseguimos mantener sus cuerpos y al menos a un gato con vida y ganamos el enfrentamiento, podremos curar un poco a los demás y seguir usándolos en próximos combates. Sin embargo, todo acabará cuando el equipo entero esté incapacitado. Bueno, o no, porque en Mewgenics todo puede pasar, hasta revertir la muerte.
Además de los ataques normales y las habilidades activas, nuestros gatitos también podrán llevar objetos que podrán usarse como armas o consumibles. Estos nos otorgarán ciertas ventajas (o desventajas) en los enfrentamientos.
Echamos un kiki rapidito y nos vamos a explorar
Pero sin duda, el gran atractivo de Mewgenics reside en su bucle jugable. Al acabar una expedición, regresaremos a una casa que funciona como nuestra base y donde gestionaremos a nuestra particular familia de gatos.
Durante nuestras salidas conseguiremos comida. Con este recurso, podremos hacer que nuestros gatos se reproduzcan entre ellos al caer la noche y tengan crías. Esto es muy importante, pues cuando un gato regrese de una expedición, se le considerará como “jubilado” y no podrá volver a salir.
Por la noche, también aparecerán en nuestra puerta nuevos mininos que esperan ser acogidos. Así que no dudéis en adoptarlos para tener más gatos que la señora loca de Los Simpson.
El poder de la genética gatuna
La genética es uno de los elementos que más personalidad aporta al juego. Podemos cruzar gatos para intentar conseguir determinadas características y, poco a poco, construir generaciones cada vez más interesantes y poderosas. El resultado es una especie de laboratorio estratégico en el que cada nuevo nacimiento puede convertirse en una oportunidad de llegar más lejos en la run.
Antes comentaba que cada gato cuenta con sus propias habilidades activas. Pues bien, al aparearse dos gatos, su cría o crías podrán heredar estas habilidades, otras nuevas e incluso mutaciones. Los mininos también poseen una serie de pasivas que, de igual forma, podrán adquirir o no de los genes de sus padres. Esta aleatoriedad y la cantidad de activas y pasivas que hay en el juego, hacen que Mewgenics sea completamente imprevisible.

Nunca sentimos que estemos haciendo exactamente lo mismo. El juego nos anima constantemente a experimentar. Quizá ese gato que parecía mediocre termina heredando una combinación de características que lo convierte en una auténtica máquina de matar. O quizá descubrimos que una habilidad aparentemente poco útil encaja de maravilla con un objeto concreto. El número de posibilidades es enorme: el título cuenta con más de 900 objetos, más de 200 enemigos y jefes y más de 10 clases de gatos con decenas de habilidades propias.
Vecinos peculiares
Cuando crees que el título no tiene más que ofrecer, Mewgenics se saca un as de la manga y nos presenta un complejo sistema de gestión. Al completar cada zona de cada uno de los tres actos, tendremos la opción de regresar a casa. Aquí, además de hacer que nuestros gatos procreen, como he dicho antes, podremos “negociar” con nuestros vecinos.
Estos particulares NPCs nos otorgarán ventajas en el juego que nos facilitarán un poco las cosas. Eso sí, a cambio nos pedirán determinados gatos. Butch, por ejemplo, es un maleante que vive en un callejón. Aumentará el almacenamiento de nuestra caja de objetos a cambio de gatos con experiencia en combate. Además, de vez en cuando nos dará un collar. Estos abalorios servirán para asignar una clase a cada gato antes de una aventura. Cada collar se corresponde con un rol diferente (luchador, tanque, arquero, mago, clérigo…) y alterará las estadísticas iniciales de los gatos que lo lleven equipado. De igual forma, determinará el tipo de habilidades que irán adquiriendo según aumenten de nivel.
Por su parte, Frank es un pobre diablo que habita en las alcantarillas. Este se autodenomina un gran constructor y querrá que le regalemos gatos jubilados para que le hagan compañía. Como agradecimiento, Frank nos ampliará nuestra casa con más habitaciones y estancias especiales para poder adoptar más peluditos o tener mejores crías.

Un juego más feo que una nevera por detrás
A nivel visual, no se puede decir que estemos ante un juego que destaque por su arte. De hecho, Mewgenics es horrendo. Evidentemente, este estilo cutre es completamente deliberado y podría considerarse como su marca personal.
En este título no encontraréis valientes y bellos guerreros que viven en lujosos castillos y luchan contra dragones, como en Unicorn Overlord. Aquí manejamos a cuatro gatos sarnosos con malformaciones físicas que cargan con traumas sociales y psicológicos. Nuestros enemigos tampoco se quedan atrás y son más feos que matar a un padre con un calcetín sudao. Ratas mutantes, moscas, gusanos, perros rabiosos, garrapatas y cacas serán algunos de ellos.

El HUD principal desde el que partimos a cada nueva expedición es una casa ruinosa donde nuestros gatos se reproducen de la forma más soez y explícita, tienen hijos o se quitan un ojo el uno al otro por culpa de una pelea. El juego mezcla diseños adorables con situaciones bastante desagradables, escatología, humor negro y una ambientación que pasa de lo simpático a lo grotesco en cuestión de segundos. Es decir, todo lo que podrías esperar de un título de Edmund McMillen.
Para acabar, tengo que destacar el formidable apartado sonoro de este juego. Cada zona cuenta con su propio hilo musical que desemboca en un tema cantado para el enfrentamiento contra sus respectivos jefes finales. Estos bosses tienen canciones interpretadas por el grupo de jazz Ridiculon que comentan la pelea o cuentan cómo es su personalidad. La música, lejos de ser meramente un acompañamiento, transforma estas tensas batallas en números que, perfectamente, podrían ser parte de un musical.
En definitiva
Mewgenics es un título con muchas capas. Podría escribir cinco o seis párrafos más hablando sobre las sinergias, los efectos de los objetos del juego, las miles de posibilidades que ofrece la mecánica de cría o las distintas formas de “romper” las runs. Sin embargo, prefiero dejarme cosas en el tintero para que las descubráis vosotros mismos.
Porque la gracia de Mewgenics está en la experimentación, en probar combinaciones y descubrir poco a poco cómo funciona todo. Es un juego que recompensa la curiosidad. Debajo de su estética cutre y grotesca se encuentra un título de estrategia tremendamente profundo, con una cantidad enorme de contenido y una gran capacidad para generar situaciones inesperadas.
Mewgenics es una propuesta táctica con identidad propia que convierte algo tan cotidiano como criar gatos en una mecánica profunda donde el objetivo es conseguir el vástago perfecto. Y ese es su mayor triunfo. Entras pensando que vas a jugar a un título de estrategia por turnos con unos gatos feísimos y, cuando quieres darte cuenta, llevas horas mezclando genes, buscando objetos y preguntándote si realmente necesitas otro michi en casa.
La respuesta, por supuesto, siempre es sí.

Mewgenics
39,99 €Pros
- Jugabilidad muy profunda y llena de sistemas distintos
- Una cantidad descomunal de contenido que te llevará cientos de horas desbloquear
- Combates tácticos muy satisfactorios donde todo puede pasar
- El sistema de crianza hace que la progresión sea interesante y motiva a la experimentación
- Su banda sonora te va a sorprender
Cons
- Tantas mecánicas y variables pueden resultar abrumadoras
- A veces el caos que producen las habilidades o sinergias acaba apoderándose de la partida y resulta molesto
- En muchos casos dependes de la aleatoriedad
- El estilo visual y el humor de Edmund McMillen no son para todo el mundo


