Ghostrunner mutado a un soulslike, en medio de un campo de batalla napoleónico plagado de peste, eso es Valor Mortis.
Valor Mortis parece que nacido de un idea tan extraña que resulta imposible ignorarlo. Un soulslike en primera persona. Ambientado en una versión alternativa de las guerras napoleónicas. Con espadas, pistolas, magia oscura, una plaga sobrenatural y el ADN de Ghostrunner recorriendo sus venas.
Sobre el papel parece una combinación imposible. En la práctica, Valor Mortis se convierte en uno de los AA más interesantes de los últimos años. Un doble AA de exquisita factura que demuestra que todavía existe espacio para propuestas capaces de sorprendernos.

One More Level comandando la partida.
El responsable de semejante locura es One More Level, estudio polaco que alcanzó reconocimiento internacional gracias a Ghostrunner. Aquella obra destacó por su velocidad endiablada, su precisión extrema y una sensación de movimiento que convertía cada escenario en una prueba de habilidad. Valor Mortis no busca replicar aquella experiencia, pero sí aprovecha muchos de sus aprendizajes. Basta jugar unos minutos para percibir que detrás hay un equipo que entiende perfectamente cómo hacer que la cámara en primera persona resulte satisfactoria, fluida y tremendamente inmersiva, mientras saltas como un avezado soldado napoleónico del parkour.

Lo primero que atrapa es su ambientación. En un género donde abundan los reinos medievales moribundos, las fortalezas góticas y las influencias directas de Dark Souls, Valor Mortis decide recorrer un camino completamente distinto. Su Europa napoleónica infectada por una plaga sobrenatural posee una identidad visual arrolladora. Soldados convertidos en monstruos, campos de batalla abandonados, ciudades consumidas por la enfermedad y paisajes marcados por décadas de guerra forman un escenario tan original que cuesta encontrar referentes directos.
Lo mejor es que el estudio explota esa premisa continuamente. El juego nunca da la sensación de repetir una misma idea estética durante las 40 horas que ha consumido de mi vida. Cada nueva zona introduce elementos visuales diferentes, arquitecturas reconocibles y enemigos capaces de reforzar la personalidad de cada región. Hay una voluntad constante de sorprender al jugador y evitar que la aventura caiga en la monotonía. Algo especialmente meritorio teniendo en cuenta que hablamos de una producción AA y no de un gigantesco proyecto con presupuesto de superproducción.

Napoleón y sus aspiraciones de grandeza.
La historia de Valor Mortis nos sitúa en una versión alternativa y sobrenatural de las guerras napoleónicas. Encarnamos a William Dowsett, un soldado de la Grande Armée que despierta entre cadáveres tras una masacre que debería haber acabado con su vida. Sin embargo, la muerte ha dejado de comportarse como debería. Una misteriosa sustancia conocida como neftoglobina ha comenzado a extenderse por Europa, transformando soldados, campesinos y ciudades enteras en algo monstruoso.
Desde ese punto de partida, William inicia un viaje a través de un continente devastado por la guerra y la corrupción. Su compañero más inesperado es la voz incorpórea de Napoleón Bonaparte, que le guía durante buena parte de la aventura mientras intenta desentrañar el origen de la plaga y comprender qué papel desempeña en todo aquello.

Jugabilidad justa y divertida.
Sin embargo, la verdadera personalidad de Valor Mortis emerge cuando comenzamos a combatir. La mayoría de soulslike modernos siguen orbitando alrededor del legado de FromSoftware. Espada, escudo, rodar y aprender patrones. Valor Mortis recoge parte de esos fundamentos, pero introduce suficientes cambios como para sentirse fresco. La decisión más importante es, evidentemente, la cámara en primera persona. No es un mero recurso visual. Cambia por completo la manera de interpretar la distancia, los ataques enemigos y la percepción del peligro. Cada enfrentamiento resulta más inmediato. Más físico. Más agresivo.

La cercanía con los enemigos provoca que cada golpe se perciba con una intensidad poco habitual dentro del género. Cuando una criatura lanza un ataque directo hacia nuestra posición, no la observamos desde una distancia cómoda tras nuestro personaje. La amenaza ocupa toda la pantalla. Está delante de nosotros. Eso genera una tensión muy especial que termina diferenciando al juego de buena parte de sus competidores.
A ello contribuye un sistema de combate sorprendentemente profundo. La mano principal suele reservarse para armas cuerpo a cuerpo, mientras la secundaria permite combinar pistolas, fusiles o habilidades especiales. Esta mezcla de acero y pólvora ofrece un ritmo muy diferente al de un souls tradicional.
Las armas de fuego no son un simple accesorio para rematar enemigos. Forman parte activa del combate. Interrumpen acciones, ayudan a controlar grupos y aportan capas estratégicas adicionales. El resultado es una fórmula mucho más dinámica de lo que suele ser habitual en el género.

Tampoco falta el clásico sistema de resistencia que obliga a medir cuidadosamente cada movimiento. Esquivar constantemente tiene consecuencias. Atacar sin pensar también. La gestión de recursos sigue siendo importante, pero las herramientas disponibles permiten afrontar una misma situación desde enfoques diferentes. Eso convierte los combates en pequeños rompecabezas tácticos.
Versatilidida y profundidad de juego.
Algunos jugadores apostarán por una aproximación más agresiva. Otros preferirán apoyarse en disparos oportunos, contraataques o habilidades sobrenaturales. Y precisamente ahí reside uno de los grandes aciertos de Valor Mortis: rara vez obliga a jugar de una única manera.
La exploración también funciona notablemente bien. One More Level demuestra que ha aprendido mucho durante el desarrollo de Ghostrunner. Aunque aquí el ritmo sea más pausado, existe un tratamiento vertical de los escenarios que aporta riqueza al diseño de niveles. Los mapas presentan atajos, rutas alternativas y secretos que recompensan al jugador observador.

No alcanza las cotas de genialidad de los mejores trabajos de FromSoftware, pero tampoco pretende imitarlos de forma servil. Construye sus propios espacios y aprovecha la perspectiva en primera persona para aumentar la sensación de descubrimiento.
Cada encuentro posee personalidad.
Otro de sus puntos fuertes son los enfrentamientos contra jefes finales. Sin entrar en spoilers, puede decirse que los jefes de Valor Mortis son menos numerosos de lo que muchos jugadores podrían esperar. Sin embargo, compensan esa relativa escasez mediante un nivel de elaboración muy elevado y si miento… que se levante los molinos y me persigan.
No se limitan a ser enemigos gigantes con una enorme barra de vida. Presentan mecánicas diferenciadas, diseños visuales impactantes y patrones que exigen una lectura cuidadosa del combate. En varios casos Valor Mortis transmiten además una presencia narrativa notable, integrándose perfectamente dentro del mundo que el estudio ha construido. Quizá no encontremos aquí una colección tan abundante como la de los grandes referentes del género, pero sí una galería memorable. De esas que permanecen en la memoria semanas después de terminar la aventura. Y eso, en muchos casos, vale más que acumular jefes intercambiables.

Técnicamente cumple lo que promete.
Visualmente, Valor Mortis sorprende constantemente por la calidad de su presentación. Evidentemente no estamos ante una superproducción del calibre de un gran lanzamiento de Sony o Rockstar, pero el equipo compensa sus limitaciones presupuestarias con muchísimo talento artístico.
La dirección de arte resulta fantástica. Los escenarios poseen identidad propia. Las condiciones climáticas ayudan a reforzar la atmósfera. La iluminación genera imágenes muy potentes y existe un cuidado evidente por la composición de cada localización. Hay momentos en los que el juego parece una pesadilla romántica salida de una pintura europea del siglo XIX. Otros recuerdan a un cuento de terror gótico contaminado por los horrores de la guerra. Esa capacidad para mezclar referentes históricos y fantásticos termina convirtiéndose en una de sus mayores virtudes.

Doble AA de los que nos gustan.
Técnicamente encontramos algunos límites propios de una producción AA. Alguna animación menos refinada de lo deseable, ciertos detalles de acabado mejorables o pequeñas irregularidades ocasionales. Sin embargo, el conjunto mantiene un nivel notable durante prácticamente toda la aventura y rara vez rompe la inmersión. Más aún cuando entra en juego su apartado sonoro.
La banda sonora entiende perfectamente el tipo de experiencia que pretende acompañar. No busca monopolizar la atención del jugador. Su función consiste en reforzar la tensión, aumentar la sensación de desasosiego y subrayar la épica de los grandes enfrentamientos. Lo consigue con mucha eficacia y en algunos momentos es de una factura exquisita y una elección portentosa.

Las piezas ambientales de Valor Mortis contribuyen a construir un mundo decadente y castigado por la guerra, mientras que los temas de combate elevan la intensidad en los momentos adecuados. A ello se suma un diseño de sonido especialmente sólido. El impacto metálico de las hojas, el estruendo de las armas de fuego, los rugidos de las criaturas y la resonancia de ciertos espacios ayudan enormemente a reforzar la inmersión. La primera persona vuelve a jugar un papel fundamental aquí.

Escuchar a un enemigo aproximarse sin verlo genera una inquietud difícil de replicar en otros formatos. En más de una ocasión el audio se convierte en una herramienta tan importante como la propia vista. Al final, lo más admirable de Valor Mortis es su valentía para no conformarse con ser “otro soulslike más”. Toma elementos reconocibles del género, los mezcla con las lecciones aprendidas durante el desarrollo de Ghostrunner y los introduce dentro de una ambientación extraordinariamente original.
CONCLUSIÓN
El resultado de One More Level se puede resumir en que no reinventa la rueda. Tampoco pretende hacerlo. Lo que consigue es algo mucho más complicado: que Valor Mortis tenga personalidad propia. En una época donde multitud de estudios intentan replicar el éxito de Dark Souls siguiendo recetas casi idénticas, Valor Mortis comprende que la mejor forma de destacar no consiste en copiar al maestro, sino en aportar ideas nuevas.
Su cámara en primera persona, la integración de armas de fuego, su universo napoleónico plagado de horrores sobrenaturales, su magnífica dirección artística y unos jefes tan escasos como memorables convierten la aventura en una propuesta singular. Quizá no sea el nuevo rey del género. Algunos díran que copia a Bloodborne, pero lo que es seguro es que es uno de esos juegos que recuerdan por qué seguimos atentos al panorama AA. Porque a veces, lejos de los presupuestos multimillonarios y las campañas mastodónticas, aparece una obra capaz de arriesgar, sorprender y encontrar una voz propia. Y Valor Mortis, afortunadamente, tiene muchísimo que decir.
Valor Mortis
39.99€Pros
- Una ambientación absolutamente maravillosa.
- La primera persona funciona sorprendentemente bien
- Combate variado y con identidad propia
- Jefes escasos pero muy trabajados
- El parkour le sienta de miedo
Cons
- Menor cantidad de jefes que otros referentes del género
- La historia tarda en arrancar
- Puede frustrar a quienes busquen un souls tradicional


