Infinity Ward busca recuperar el pulso de la saga con una campaña cinematográfica, un multijugador más refinado y el regreso de DMZ.
Hay años en los que una entrega de Call of Duty parece conformarse con repetir una fórmula conocida, y otros en los que consigue recordarnos porqué seguimos regresando a ella.
Call of Duty: Modern Warfare 4 apuesta por recuperar esas sensaciones que tantos jugadores asocian a la franquicia: campañas repletas de acción, tiroteos contundentes y partidas multijugador que siempre invitan a echar una más, y te dan las 4 de la mañana sin darte cuenta ¡y mañana trabajo! Pero esta vez también quiere ofrecer algo más que una actualización de su fórmula habitual.
Infinity Ward reúne tres experiencias con personalidad propia. La campaña recupera el espectáculo bélico y las operaciones cinematográficas. Por otro lado, el multijugador introduce ajustes destinados a mejorar el movimiento y los enfrentamientos. Y finalmente, DMZ regresa con una propuesta de extracción que busca mantenernos enganchados mucho después de terminar la historia. Tres pilares que, juntos, aspiran a convertir esta entrega en uno de los paquetes más completos de la saga.
La cuestión es si estas mejoras bastan para recuperar la confianza de quienes se han distanciado de la franquicia y ofrecer motivos suficientes para volver al campo de batalla. Porque, aunque la familiaridad forma parte del encanto de Call of Duty, también puede convertirse en su mayor limitación.
Campaña: una guerra a escala mundial
La campaña vuelve a situar a la Task Force 141 en el centro de un conflicto internacional, aunque los acontecimientos anteriores han dejado profundas heridas en el grupo. El capitán Price, ahora mas brutal y visceral, vuelve a cobrar protagonismo mientras nuevas amenazas obligan a los protagonistas a moverse por distintos escenarios y enfrentarse a una conspiración de alcance mundial.

La historia también introduce una segunda perspectiva a través de Jai «Gun» Park, un nuevo recluta que nos acerca al frente coreano. Esta alternancia amplía la escala del conflicto y permite conocer otras caras de la guerra, evitando que toda la aventura dependa exclusivamente de los personajes habituales. El resultado es una narración que combina rostros conocidos, nuevas incorporaciones y situaciones diseñadas para mantenernos pendientes de lo que sucede.
La trama sabe jugar sus cartas cuando apuesta por la tensión y el espectáculo, aunque no todos sus personajes reciben el mismo tratamiento. El antagonista principal, en particular, podría haber contado con un desarrollo más sólido para que su importancia dentro del conflicto resultara tan convincente como pretende la historia.
No obstante, en líneas generales, la trama esta a la altura de las mejores entregas de la saga y consigue atrapar al jugador de principio a fin.
Una campaña cinematográfica y variada
Si hay algo que define esta aventura es su brutal puesta en escena. Las explosiones, las persecuciones y los enfrentamientos a gran escala recuperan el espíritu más espectacular de la franquicia. Por otro lado, las operaciones de infiltración introducen momentos en los que conviene avanzar con más cautela y estudiar cada movimiento, sobre todo si optamos por niveles altos de dificultad.

El arsenal de situaciones también va más allá del tiroteo tradicional. El combate cuerpo a cuerpo es una novedad que gana protagonismo, pero también, las secuencias de escalada y rápel aportan nuevas posibilidades de desplazamiento y el uso de vehículos, visión nocturna y equipamiento táctico ayuda a que las misiones no se reduzcan a avanzar disparando. Son cambios que no reinventan la fórmula, pero sí contribuyen a dar dinamismo a la aventura.
También resulta interesante la alternancia entre los distintos protagonistas. Las misiones de Park y las operaciones de Price ofrecen perspectivas diferentes del conflicto, aunque el cambio de frente pueda interrumpir momentáneamente el hilo narrativo para algunos jugadores. En conjunto, la campaña consigue mantener un ritmo intenso y recuperar buena parte de esa sensación de estar participando en una película bélica interactiva.
No todo funciona igual de bien. Algunas misiones resultan menos inspiradas y ciertas secuencias de persecución pierden fuerza frente a los momentos más espectaculares. Aun así, la aventura encuentra suficientes situaciones memorables como para que estos altibajos no terminen definiendo la experiencia.
La misión abierta: luces y sombras
La campaña incluye una sección de mayor libertad en la que podemos explorar el escenario, completar objetivos secundarios y conseguir recursos para nuestro equipamiento. Su estructura recuerda a las misiones abiertas de entregas anteriores y sirve como introducción a algunas de las ideas que después desarrolla DMZ.
Sobre el papel, esta pausa permite cambiar de ritmo y ofrece cierto margen para abordar los objetivos de distintas maneras. Sin embargo, su diseño resulta menos atractivo que el de las misiones más dirigidas. La exploración puede sentirse algo vacía y el ritmo pierde parte de la intensidad que caracteriza al resto de la aventura.
Es una inclusión que puede gustar a quienes disfrutan registrando cada rincón del escenario, pero también puede dejar indiferentes a quienes prefieren una campaña más concentrada. Su presencia no arruina el conjunto, aunque confirma que no todas las fórmulas encajan igual de bien cuando se introducen dentro de una experiencia cinematográfica.
Multijugador: la vieja esencia de Call of Duty Modern Warfare
El multijugador sigue siendo uno de los grandes reclamos de Call of Duty: Modern Warfare 4. La fórmula resulta familiar desde los primeros enfrentamientos, pero Infinity Ward introduce cambios en el movimiento y en el manejo de las armas que buscan aportar mayor control sin renunciar a la intensidad característica de la saga.
Una mayor y mejor movilidad
Yo fui de aquellos que disfrutaron desde el primer día de los Call of Duty: Modern Warfare de 2007 y 2009. La sensación que transmitían a los mandos sigue pareciéndome difícil de igualar. Quizá fuera cuestión del momento, de la frescura con la que llegaron o de la nostalgia que despiertan en mí, pero lo cierto es que, aunque he disfrutado mucho de otras entregas, como Modern Warfare III (2023), ninguna había conseguido devolverme unas sensaciones tan parecidas a las de aquellos años. Hasta ahora.
Esta nueva entrega ha logrado, en cierta medida, transportarme de nuevo a aquella época, dando continuidad a la buena línea que ya marcó el mencionado Modern Warfare III y recuperando parte de esa magia que creía perdida.

La movilidad gana protagonismo gracias a nuevas posibilidades para desplazarnos por los escenarios. Podemos encadenar deslizamientos, corregir ciertos movimientos durante los saltos, desplazarnos de espaldas y aprovechar cornisas y zonas elevadas para buscar nuevas rutas de ataque. Son recursos que añaden dinamismo a los enfrentamientos y ofrecen más alternativas a quienes disfrutan dominando cada rincón del mapa.
También se elimina la dispersión aleatoria de los disparos conocida como bullet bloom, una decisión que favorece el control de la precisión y hace que el dominio del retroceso tenga más peso.
El resultado son tiroteos que premian la puntería y el conocimiento de las armas, aunque el tiempo necesario para eliminar a un rival puede resultar demasiado corto en determinadas situaciones. Cuando apenas tenemos margen para reaccionar, algunos enfrentamientos pueden volverse frustrantes.
Armería, mapas y modos de juego
La personalización de armas continúa siendo una parte esencial de la experiencia. La armería recibe ajustes destinados a facilitar la configuración del arsenal, con accesorios que amplían las posibilidades de personalización y permiten experimentar con diferentes combinaciones. Para quienes disfrutan afinando sus clases, y dando ese toque “rechulon”, encontrar una configuración que encaje con su estilo de juego sigue siendo parte del atractivo.

La oferta de modos combina los clásicos que ya conocemos, como Duelo por equipos, Dominio, Punto caliente, Baja confirmada y Buscar y destruir, con propuestas que intentan aportar algo de variedad. Entre ellas destacan modalidades que incorporan vehículos y enfrentamientos a gran escala, otras que recompensan la gestión del dinero obtenido durante la partida, en una suerte de modo al estilo Counter Strike, y variantes de combate por rondas con diferentes tamaños de equipo. Mucho contenido multijugador, sin duda.
Esta diversidad ayuda a que haya alternativas para distintos perfiles de jugador, desde quienes prefieren el enfrentamiento directo hasta quienes buscan partidas más tácticas o caóticas. Sin embargo, la variedad de modos no siempre va acompañada de mapas igual de memorables. Algunos escenarios no terminan de destacar y el ritmo frenético, unido a un tiempo para matar muy reducido, puede hacer que determinadas partidas se sientan demasiado aceleradas.
En definitiva, el multijugador ofrece una base sólida, controles ágiles y suficientes opciones para invertir muchas horas. No revoluciona la experiencia competitiva de Call of Duty, pero sí introduce ajustes que pueden mejorar los enfrentamientos. Su mayor desafío será mantener el interés a largo plazo y conseguir que los mapas y modos tengan tanta personalidad como el sistema de combate.
DMZ: sobrevive, saquea y ¡extrae!
DMZ es una de las grandes apuestas de Call of Duty: Modern Warfare 4. Su propuesta de extracción nos lleva a desplegarnos en un territorio hostil donde cada incursión supone una nueva oportunidad para conseguir equipamiento, completar objetivos y regresar con recursos que nos permitan seguir progresando. Sin embargo, no basta con disparar a todo lo que se mueve: también hay que saber cuándo arriesgarse y cuándo ha llegado el momento de abandonar la zona.
Podemos jugar en solitario o formar escuadras con otros jugadores (la verdadera diversión), mientras nos enfrentamos tanto a enemigos controlados por la inteligencia artificial como a otros equipos que persiguen sus propios objetivos. Esta combinación hace que cada incursión pueda desarrollarse de manera diferente. Una misión aparentemente sencilla puede complicarse cuando aparece un grupo rival o cuando nos adentramos en una zona protegida por enemigos especialmente peligrosos.
El saqueo es una parte esencial de la experiencia. Durante las incursiones encontramos armas, objetos de utilidad, materiales y equipamiento que podemos aprovechar para mejorar nuestras posibilidades de supervivencia.

El problema es que morir sin conseguir una extracción implica perder buena parte de lo que llevábamos encima. Por eso, cada decisión tiene su peso: continuar buscando mejores recompensas puede compensar, pero también puede hacernos perder todo lo conseguido.
Progresión, fabricación y enfrentamientos entre jugadores
Fuera de las incursiones contamos con una base desde la que preparar nuestras próximas salidas y gestionar los recursos obtenidos. La fabricación, o crafteo, permite transformar materiales en equipamiento útil, como mochilas, blindaje y otros componentes, mientras que la progresión del operador añade una capa de desarrollo a largo plazo. Mejorar sus capacidades y completar misiones ofrece motivos para regresar al campo de batalla incluso después de varias incursiones, y que no nos tomemos a la ligera el perderlo en combate.
A todo ello se suman los jefes, que cuentan con sus propias amenazas y recompensas, y una serie de objetivos principales y secundarios que nos animan a explorar distintas zonas del mapa. No todo consiste en sobrevivir: también podemos buscar recursos concretos, destruir objetivos o eliminar enemigos de alto valor. Esta variedad ayuda a dar sentido a cada despliegue, aunque el sistema de progresión corre el riesgo de volverse repetitivo si las tareas terminan pareciéndose demasiado entre sí.

Los enfrentamientos entre escuadras son otro de sus grandes atractivos. Nunca podemos dar por hecho que una zona está despejada, y las extracciones añaden un último momento de tensión cuando otros jugadores pueden intentar arrebatarnos la recompensa.
Es precisamente esa incertidumbre la que distingue a DMZ de los modos tradicionales de Call of Duty, y que en cierta manera, nos recuerdas a las extracciobes de la Dark Zone en The Division.
Su planteamiento resulta más accesible que el de otros juegos de extracción especialmente exigentes, pero no elimina la frustración de perder el equipo tras una mala incursión. DMZ tiene potencial para convertirse en una experiencia duradera, especialmente si jugamos en compañía, aunque su éxito dependerá de que la progresión, las misiones y las recompensas mantengan el interés a largo plazo.
Apartado técnico y artístico: espectáculo bélico
En lo visual, Call of Duty: Modern Warfare 4 vuelve a demostrar la importancia de su puesta en escena. Es gráficamente espectacular y un techo en la saga. La variedad de escenarios, el cuidado de la iluminación y el nivel de detalle de los entornos contribuyen a construir una experiencia que busca mantenernos dentro de la acción en todo momento.

Desde las operaciones en territorio coreano hasta las misiones que nos llevan a otras grandes ciudades, la campaña apuesta por una presentación cinematográfica en la que las explosiones, los enfrentamientos y los cambios de escenario tienen un peso fundamental.
Las animaciones también contribuyen a esa sensación de espectáculo, especialmente durante los momentos más intensos y las secuencias de combate cuerpo a cuerpo. Lo cierto es que en este caso, tengo la sensación de estar ante las mejores de la saga. El conjunto transmite contundencia, solidez y dinamismo, características esenciales para una entrega que quiere recuperar las sensaciones más clásicas de la saga.

Sin embargo, el apartado visual no está exento de algunos inconvenientes. Alguna bala tenia que fallar.
Determinadas zonas presentan una iluminación demasiado oscura, hasta el punto de dificultar la orientación y hacer que localizar ciertos elementos del escenario resulte menos cómodo de lo deseable. Es un problema que puede afectar a la experiencia jugable, especialmente durante las infiltraciones y en espacios donde la visibilidad ya es limitada.
Por lo demás, la dirección artística cumple perfectamente su cometido y acompaña bien el tono de una campaña que alterna operaciones militares, escenarios urbanos y situaciones de gran espectacularidad. Estamos ante un salto grafico en la saga, una presentación que sabe aprovechar el carácter cinematográfico de Call of Duty para ofrecer momentos visualmente impactantes.

Solido Rendimiento
En Xbox Series X, el rendimiento me ha parecido excelente. El juego incorpora una opción de «Modo rendimiento (60 Hz+) y la experiencia a 60 fps es inapelable, con una fluidez magnífica que permite disfrutar de los tiroteos y de la intensidad de cada enfrentamiento sin que la experiencia se resienta, incluido el multijugador.
En mi caso, el comportamiento del juego ha sido sobresaliente y contribuye a que las sensaciones a los mandos sean todavía mejores. Una optimización que, al menos en Xbox Series X, está a la altura de lo que le podemos exigir a una entrega de estas características.
Sonido: El furor de la batalla
El apartado sonoro vuelve a desempeñar un papel fundamental en Call of Duty: Modern Warfare 4. El estruendo de las armas, las explosiones y el sonido de los enfrentamientos contribuyen a transmitir la intensidad de cada operación, mientras que los momentos de mayor tensión aprovechan el contraste entre la acción y los instantes de calma para mantenernos dentro de la experiencia. En la experiencia multijugador esto se intensifica, y raya a gran nivel como es seña de identidad en la saga.
La banda sonora también tiene un peso importante en la puesta en escena. La música acompaña las secuencias más espectaculares y refuerza la carga emocional de determinados momentos, ayudando a que la campaña conserve ese carácter cinematográfico que busca desde sus primeros compases.
En conjunto, el sonido cumple con lo que esperamos de una producción de estas características y complementa una campaña que apuesta constantemente por la inmersión y el espectáculo. Es un apartado que quizá no sorprenda por sí solo, pero que resulta esencial para que las operaciones tengan el impacto que pretenden.
Conclusión
Call of Duty: Modern Warfare 4 ha conseguido devolverme parte de aquellas sensaciones que me enamoraron de la saga con las entregas de 2007 y 2009. Su multijugador es el principal responsable de esa conexión, aunque la campaña, una de las mejores de la saga, ofrece momentos cinematográficos muy disfrutables que nos mantendran pegados al mando sin remedio. Por otro lado, DMZ añade una experiencia de extracción con potencial para alargar la diversión durante muchas horas.
No es una revolución en la saga, y hay aspectos mejorables, como algunas misiones de la campaña o determinados mapas multijugador. Sin embargo, el conjunto funciona sobradamente y demuestra que, a veces, recuperar las buenas sensaciones del pasado es tan importante como introducir novedades. Para mí, esta entrega supone un regreso muy satisfactorio al campo de batalla.
Call of Duty®: Modern Warfare® 4
79,99 eurosPros
- Un multijugador que recupera las mejores sensaciones clásicas de la saga.
- Una campaña divertida, intensa y variada.
- Excelente rendimiento y fluidez
- DMZ aporta una experiencia de extracción con mucho potencial...
Cons
- ...pero DMZ puede volverse repetitivo a largo plazo.
- La misión abierta de la campaña rompe parcialmente el ritmo.
- Algunos mapas multijugador no están a la altura del conjunto.
- El antagonista principal podría estar mejor desarrollado.

