Una utopía demasiado cómoda
Hay algo extraño en D-topia. A primera vista, todo resulta demasiado bonito, demasiado tranquilo, demasiado perfecto. Sus habitantes parecen vivir felices, las instalaciones funcionan con precisión y una inteligencia artificial se encarga de que nada se salga de los márgenes establecidos. No hay guerras, ciudades devastadas ni futuros dominados por máquinas hostiles. Aquí la distopía se presenta con colores agradables, personajes simpáticos y una calma que incluso resulta reconfortante.
Y cuanto más tiempo pasamos en ella, más claro queda que esa tranquilidad tiene algo de inquietante.
Desarrollado por Marumittu Games y publicado por Annapurna Interactive, D-topia propone una aventura que combina narrativa, exploración y pequeños puzles mientras nos invita a cuestionar hasta qué punto una sociedad puede ser realmente perfecta cuando una inteligencia artificial decide qué significa ser feliz.
No es una producción especialmente grande ni una aventura que pretenda revolucionar el género. Su propuesta es mucho más contenida, pero también tiene algo que la hace especial: sabe esconder bastante más de lo que aparenta bajo esa apariencia amable.

Bienvenidos a la felicidad
D-topia nos pone en la piel de Shiro, un nuevo Facilitador encargado de mantener en funcionamiento las instalaciones de esta particular sociedad utópica. Nuestra tarea pasa por solucionar problemas, ayudar a sus habitantes y procurar que todo siga funcionando como debería.
El planteamiento parece sencillo, aunque poco a poco empezamos a descubrir que detrás de esa aparente perfección existen cuestiones bastante más incómodas. Toda la sociedad está organizada alrededor de una inteligencia artificial cuyo objetivo es maximizar la felicidad colectiva. El problema aparece cuando esa felicidad general no coincide necesariamente con lo que quiere cada individuo.
Ahí es donde la propuesta empieza a ganar interés.

A través de las conversaciones con los habitantes iremos conociendo sus problemas, aspiraciones y conflictos personales. Algunos personajes tienen más peso que otros, pero en conjunto consiguen que D-topia no se sienta simplemente como un escenario bonito por el que vamos pasando de un puzle a otro.
La historia plantea preguntas que no son precisamente nuevas dentro de la ciencia ficción: ¿hasta dónde puede llegar una inteligencia artificial para garantizar nuestro bienestar? ¿Es aceptable sacrificar parte de la libertad individual si con ello conseguimos que la mayoría viva mejor? ¿Qué sucede cuando alguien deja de encajar en una sociedad diseñada para funcionar sin problemas?
Son temas que hemos visto en multitud de películas, libros y videojuegos, pero aquí están tratados desde una perspectiva mucho más amable. Y ese contraste termina siendo uno de los puntos que más me han gustado del juego.
Una aventura que se toma su tiempo
El ritmo es probablemente uno de los aspectos que más pueden condicionar la experiencia.
D-topia es un juego pausado. Muy pausado.
Buena parte de nuestro tiempo transcurre hablando con personajes, recorriendo las diferentes zonas y descubriendo poco a poco sus historias. No existe una necesidad constante de avanzar hacia el siguiente acontecimiento y el juego se permite dejar respirar al jugador.
Personalmente, agradezco esa tranquilidad. En una época en la que muchos títulos parecen tener miedo de dejarnos unos segundos sin nada que hacer, resulta agradable poder recorrer una zona simplemente hablando con sus habitantes y descubriendo qué tienen que contarnos.

Ahora bien, tampoco voy a negar que en algunos momentos el ritmo se me ha hecho algo pesado. Hay conversaciones que podrían haber sido algo más ágiles y determinados desplazamientos entre acontecimientos hacen que la aventura pierda algo de ritmo.
Es una cuestión bastante subjetiva, pero creo que conviene tenerla en cuenta antes de entrar en D-topia. Si buscas una experiencia constantemente estimulante, probablemente su ritmo te resulte demasiado lento. Si entras dispuesto a disfrutar de la historia y de sus personajes sin demasiadas prisas, la cosa cambia bastante.
Puzles sencillos que aportan variedad
Los puzles son el otro gran pilar de D-topia y funcionan como un buen contrapunto a la parte narrativa.
No son especialmente complicados. La mayoría pueden resolverse sin demasiados quebraderos de cabeza y están planteados para que el jugador entienda rápidamente qué debe hacer. Más que ponernos contra las cuerdas, sirven para cambiar el ritmo después de varias conversaciones y aportar algo de variedad a nuestra jornada como Facilitador.
El sistema Block Side es uno de los elementos más característicos de la propuesta. A través de esta representación alternativa de determinados espacios podemos interactuar con elementos que no están disponibles en el mundo convencional y solucionar problemas que, de otra forma, no tendrían solución.

La idea me parece interesante y, sobre todo, está bien integrada dentro del universo del juego. Los puzles no parecen estar ahí simplemente porque el género lo exige, sino que forman parte del trabajo que desempeñamos dentro de D-topia.
Eso sí, me habría gustado encontrar algún desafío más exigente. Hay momentos en los que tenemos que detenernos unos segundos para encontrar la solución, pero la dificultad general es bastante baja.
Tampoco creo que esto le haga demasiado daño al conjunto. D-topia no necesita convertirse en un nuevo referente de los juegos de puzles. Su prioridad está claramente en la aventura y en todo lo que sucede alrededor de ella.
Una utopía con mucho encanto
Si hay algo que llama inmediatamente la atención es su apartado artístico.
D-topia presenta un mundo colorido, limpio y minimalista que encaja perfectamente con esa sociedad aparentemente ideal. Los personajes tienen diseños simpáticos y reconocibles, mientras que los escenarios ofrecen un contraste bastante interesante con esa representación alternativa del mundo, mucho más digital y abstracta.
Aquí la dirección artística juega un papel importante. Todo está pensado para transmitir calma y bienestar, pero ese exceso de perfección acaba generando justo el efecto contrario cuando empezamos a comprender cómo funciona realmente la sociedad.

Me gusta especialmente ese contraste. D-topia no necesita llenar la pantalla de detalles para resultar atractivo. Su apartado visual tiene una identidad muy marcada y utiliza el estilo artístico para reforzar lo que quiere contar.
Técnicamente no estamos ante una producción que vaya a sorprender por su músculo gráfico, pero tampoco lo necesita. Es un juego que apuesta claramente por la dirección artística y, en este caso, creo que es la decisión acertada.
Una banda sonora que invita a bajar el ritmo
El apartado sonoro sigue una línea similar.
La música es tranquila, agradable y bastante relajante. No intenta convertir cada conversación en un momento trascendental ni busca llamar nuestra atención constantemente. Está ahí para acompañar.
Y probablemente ese sea su mayor acierto.
La banda sonora encaja especialmente bien cuando simplemente estamos recorriendo las calles de D-topia o hablando con sus habitantes. Ayuda a reforzar esa sensación de comunidad pequeña y perfectamente organizada en la que, al menos en apariencia, todo está bajo control.
No creo que estemos ante una banda sonora que vaya a convertirse en uno de los grandes recuerdos musicales de este año, pero sí ante un trabajo que cumple perfectamente con su función y que se integra bien con la personalidad del juego.

Una experiencia breve, pero bien medida
La duración es otro de los aspectos que merece una valoración positiva, especialmente teniendo en cuenta el tipo de experiencia que propone.
D-topia es un juego corto. En mi caso, completar la aventura me ha llevado alrededor de ocho horas, aunque la cifra puede variar dependiendo de cuánto nos entretengamos hablando con los habitantes, explorando y realizando actividades adicionales.
Además, existen diferentes desenlaces y nuestras decisiones pueden influir en el destino de algunos personajes. Esto proporciona un pequeño incentivo para regresar a D-topia y comprobar qué habría ocurrido tomando otras decisiones.
Eso sí, no esperaría una rejugabilidad enorme. La estructura general sigue siendo bastante lineal y muchas situaciones serán familiares durante una segunda partida.
En este caso, creo que la duración juega a su favor. D-topia tiene una propuesta muy concreta y ocho horas me parecen suficientes para desarrollarla sin terminar convirtiendo sus mecánicas en una rutina demasiado repetitiva.
Podría haber más contenido, por supuesto, pero también existe cierto mérito en saber cuándo poner punto final.
Conclusión
D-topia es uno de esos juegos que consigue llamar la atención sin necesidad de hacerlo a gritos.
Su mundo colorido y acogedor esconde una historia que habla de inteligencia artificial, felicidad, libertad y control social. Los puzles son sencillos, pero aportan variedad; sus habitantes consiguen que queramos conocer algo más de sus vidas y su dirección artística convierte esta peculiar utopía en un lugar con bastante personalidad.
No todo funciona igual de bien. El ritmo puede hacerse demasiado pausado en algunos momentos, los puzles podrían ofrecer algo más de dificultad y determinadas cuestiones que plantea la historia dejan la sensación de que podrían haberse desarrollado con mayor profundidad.
D-topia plantea ideas interesantes, aunque no siempre se queda el tiempo suficiente en ellas como para llevarlas hasta sus últimas consecuencias.
Y, aun así, creo que ahí está parte de su encanto.
No busca convertirse en una gran aventura de ciencia ficción ni necesita hacerlo. Es una experiencia pequeña, tranquila y agradable que utiliza una premisa aparentemente amable para plantear una cuestión bastante menos cómoda: qué estamos dispuestos a sacrificar a cambio de vivir en una sociedad donde todo está diseñado para hacernos felices.
Después de pasar unas ocho horas en D-topia, me quedo precisamente con esa sensación. La de haber visitado un lugar en el que todo funciona demasiado bien, donde prácticamente cualquier problema tiene una solución y donde alguien se ha encargado de decidir qué es lo mejor para nosotros.
Y quizá el verdadero problema sea ese.
Que cuando todo está pensado para hacernos felices, elegir por nosotros mismos puede dejar de ser necesario.
D-Topia
18,99€Pros
- Una dirección artística preciosa y muy coherente.
- Una premisa que invita a reflexionar sobre la IA y la sociedad.
- Personajes y puzles que funcionan muy bien juntos.
Cons
- El ritmo puede hacerse demasiado pausado.
- Los puzles son generalmente poco exigentes.
- Algunas de sus interesantes cuestiones se quedan a medio explorar.


