Policán y sus Mega Colegas vuelven a XBOX en un videojuego con un público claro: Los que están creciendo con la saga.

A la hora de sentarnos a analizar un juego infantil tratamos de ponernos en la perspectiva de aquel niño que fuimos, pero es inevitable sentir que nuestro recorrido videojueguil aflore y rompa en mil pedazos la propuesta que tenemos ante nuestros ojos. La podemos catalogar de simple, que no inventa nada nuevo y se le ve venir. Amigo, tus canas indican que no eres el público del al que va dirigido y tengas que ceder el testigo a otra personita. Este es mi caso. Apenas lo he jugado directamente, salvo cuando mi hijo ha tenido a bien pasarme el mando. He querido mirarlo a través de sus ojos para valorarlo desde la perspectiva de quien realmente va a disfrutarlo.

Mita perro, mitad humano.

Policán: Un cómic creado por Jorge Betanzos y Berto Henares (Nombres traducidos al castellano), dos niños que son protagonistas de Capitán Calzoncillos, saga de libros de Dav Pilkey. El hecho de que sean los niños de otras historietas los “creadores” ya dan pistas de que no nos encontramos ante Guerra y Paz, pero lore tiene un rato. Sólo decir que tras estallar una bomba que afectó a un policía y a su perro, sólo consiguieron salvar el cuerpo del humano y la cabeza del cánido ¿os acordáis de Robocop?, pues eso.

Este es el segundo de la franquicia en Xbox, no explica orígenes ya comenzamos con nuestro grupo de Mega Colegas ya formado, podemos intercambiarnos entre Policán, el gato Periquillo y el robot TDH. En las primeras fases tempranas no hay grandes diferencias entre los 3, sólo el ataque de Policán es a distancia. Este único elemento diferenciador hace que el jugador se sienta, tal vez más cómodo con el protagonista, por no tener que enfrentarse a los enemigos de tan cerca, haciéndolo un pelín más cómodo.

¡Salta! ¡Buen Chico!

Tras unas fases donde el control plataformero y un pelín de combate asienta las bases para que nos sintamos cómodos, Policán: Vuelta a la carga va introduciendo muy poco a poco complicaciones para que se asimilen en un primer momento y se puedan dificultar más adelante. Esa introducción a los pinchos o láseres que nuestra mente adulta da por sentada, crea una base donde construir hasta el que se presente el siguiente problema, se complique y se mezcle con lo anterior. Para nosotros, nada nuevo. Para un niño, la comprensión de una mecánica.

Pronto descubrimos una habilidad para Policán: puede excavar con una pala y acceder a zonas ocultas con retos para conseguir coleccionables. Y es que si se quiere exprimir el juego se tienen que conseguir en cada fase cuatro placas de policía y una ilustración del comic que recibes rescatando a un caniche. Como las estrellas de Mario, no son necesarias todas para avanzar pero es satisfactorio y te obliga a esforzarte y arriesgar. Una excusa perfecta para que los más pequeños quieran volver a intentarlo. Sobre todo cuando ese afán por acaparar se traduce en trajes nuevos para nosotros y nuestros Mega Colegas.

Aprendiendo a leer.

Además de plataformeo también están las típicas secciones de puzles. Empujar cajas, accionar botones, abrir la puerta con una combinación de lógica y habilidad plataformera donde se van mezclando habilidades de personajes y desarrolla la lectura de la pantalla de forma paulatina.

Tenemos un móvil con el que solicitar ayuda a diferentes personajes del mundo de policán, todos con una habilidad específica para superar según qué obstáculos. Incluso sirven para encontrar pistas y recuperar vida. Aquí entra un elemento de gestión, porque cada llamadita implica gastar un punto de batería del móvil. No supone una gestión especialmente exigente porque las baterías aparecen con frecuencia, pero obliga a pensar si quiere llegar tener todos los coleccionables o llegar con los tres corazones al jefe de cada Fase.

¿Qué es un videojuego de toda la vida sin jefes? Aquí los tenemos y de todos los tamaños y colores. Una Ardilla robótica gigante hasta una impresión 2D de un gato. Otra vez, la dificultad a nuestros ojos es nula. Para lo que yo veo en mi hijo, una oportunidad de analizar patrones y encontrar la respuesta a ellos. El hecho de que muestren la barra de vida nos hace menos precavidos cuando le queda poca, exponiéndonos más al peligro. De tal palo tal astilla.

Conclusiones

No es el primer videojuego de mi hijo, pero lo está disfrutando muchísimo. Como sucede con la lectura, a veces lo importante no es que un niño lea el mejor libro, sino que encuentre uno que le haga disfrutar leyendo. Policán: Vuelta a la carga no inventa nada, pero sigue el manual de los plataformas clásicos para ofrecer un juego accesible sin ser condescendiente con la infancia. Tiene recursos para evitar la frustración, pero también desafíos que obligan a aprender y mejorar.

La desarrolladora Floor 84 aprovecha bien el universo de Policán, sus personajes y los coleccionables para mantener el interés más allá de las propias mecánicas. Para un adulto puede resultar demasiado sencillo, pero esa nunca ha sido su intención. Si a tu hijo, sobrino o ahijado le gusta Policán, es una buena puerta de entrada a los videojuegos a la vieja usanza.

Policán: Vuelta a la carga

39,99 €
7.6

7.6/10

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