Square Enix recupera una de las mayores leyendas del JRPG con una aventura colosal que expande el universo de Final Fantasy VII como nunca antes

Hay juegos que disfrutamos, terminamos y recordamos con mucho cariño porque nos tocan la patata. Y casi sin darnos cuenta, terminan formando parte de nosotros. Final Fantasy pertenece a ese grupo de obras capaces de dejar una huella imborrable en varias generaciones de jugadores. La saga de rol de Square Enix lo ha conseguido con muchas de sus obras, pero hay una en concreto que marcó a una legión de jugadores por el momento en que llegó y como lo hizo: Final Fantasy VII.

Un viaje que vuelve a emocionarnos

Con Final Fantasy VII Remake, Square Enix consiguió encandilar a los jugadores con una visión de este juego que muchos soñamos desde el 98, y ahora, con Rebirth, continúa el ambicioso proyecto de reconstruir uno de los videojuegos más importantes de la historia. Pero lo hace entendiendo que un remake no consiste únicamente en actualizar unos gráficos o modernizar un sistema de combate. También, implica volver a despertar aquella sensación de aventura, de descubrimiento y de incertidumbre que convirtió el viaje de Cloud y sus compañeros en algo irrepetible.

Una vez dejamos atrás los enormes muros de Midgar y ponemos un pie en el inmenso mundo que se extiende ante nosotros, Rebirth recupera algo que parecía olvidado en muchas superproducciones actuales: el placer de salir a explorar sin saber qué nos espera al otro lado del camino. Cada región invita a desviarnos y explorar, donde cada pueblo tiene una historia que contar y ese nuevo horizonte despierta esa curiosidad que solo consiguen las grandes aventuras.

Eso no significa que todo sea perfecto. Square Enix asume riesgos, reinterpreta algunos acontecimientos del clásico y amplía su universo con ideas que darán mucho que hablar entre los seguidores más veteranos. Pero precisamente ahí reside uno de sus mayores aciertos.

Rebirth no pretende sustituir al juego original, sino que, busca “interactuar” con él, y sobre todo ordenar y dar sentido, respetando su legado mientras se atreve a recorrer nuevos caminos. Siempre tendremos el original para revisitarlo una y otra vez.

Pero sobre todo, cuando una obra consigue que un viaje que creíamos conocer vuelva a emocionarnos como si fuera la primera vez, es porque ha hecho algo realmente especial.

Más allá de Midgar

Tras los acontecimientos vividos en Midgar, Cloud Strife y el resto del grupo emprenden un viaje que amplía por completo la dimensión de la aventura (no hare spoiler de lo sucedido en Remake, que si no lo habéis jugado tenéis que jugar tremendo juegazo chavalucos). Lo que en un principio parece una simple persecución tras Sephiroth acaba convirtiéndose en un relato mucho más complejo, donde el destino del planeta, el devenir de sus protagonistas y el peso de sus decisiones terminan entrelazándose de forma magistral.

La Corriente Vital vuelve a situarse en el centro de la historia. Fuente de toda vida y esencia del propio planeta, representa el ciclo natural del mundo. Frente a ella se alza la Compañía Shinra, que continúa explotando sin descanso la energía mako para alimentar su maquinaria industrial, consumiendo poco a poco el futuro del planeta en beneficio de sus propios intereses.

Sobre ese conflicto ecológico, político y hasta moral se construye una aventura que pretende trascender del enfrentamiento entre héroes y villanos para hablar también del sacrificio, del libre albedrío y de las consecuencias de desafiar el equilibrio del mundo y su destino.

Equilibrio entre lo familiar y lo imprevisible

Mientras Cloud, Tifa, Aeris, Barret, Red XIII y el resto de compañeros recorren un mundo mucho más abierto y diverso, nuevas amenazas comienzan a dibujarse en el horizonte. La tensión entre Shinra y Wutai amenaza con desembocar en una guerra abierta, las misteriosas figuras encapuchadas continúan siguiendo el rastro de Jenova y las colosales Armas despiertan desde las profundidades de la Corriente Vital para responder al peligro que acecha al planeta. Al mismo tiempo, la inesperada presencia de Zack Fair introduce nuevas incógnitas que desafían todo aquello que creíamos conocer sobre esta historia.

En este punto, Square Enix no se limita a recrear los acontecimientos del clásico escena por escena. Rebirth juega constantemente con las expectativas del jugador y su nostalgia, respetando los momentos más emblemáticos de la obra original mientras introduce nuevos matices, que consiguen mantener viva la incertidumbre incluso entre quienes conocen la historia de memoria.

Cada capítulo deja la sensación de que el destino puede cambiar en cualquier momento, convirtiendo lo familiar en algo imprevisible. Jugar con ese equilibrio no es tarea facil, pero le sienta feten a este remake.

No os contare mas de su trama, pues como os comento, todo esta ideado para que al mismo tiempo que sentimos estar ante algo conocido, siempre tengamos la sensación de novedad. Las relaciones entre los personajes, como ya pasó en Remake, están mejor construidas y se potencian aún más.

Os animo, a buscar las comparaciones con el original en los personajes secundarios o en los mas nimios detalles. Ya, desde los primeros compases por ejemplo, con la granja de chocobos de Bill.

El juego que yo jugaba en mi cabeza cuando era pequeño.

Final Fantasy VII Rebirth consigue materializar el recuerdo que teníamos del juego original. Da la sensación de estar recorriendo aquel mismo mundo que imaginábamos hace casi treinta años, solo que ahora cobra vida con un nivel de detalle y una riqueza visual que entonces solo existían en nuestra imaginación.

Solvencia Técnica

En Xbox Series el resultado es sobresaliente. El juego ofrece tres configuraciones gráficas para adaptarse a diferentes preferencias. El modo Gráficos apuesta por una imagen cercana a los 4K con el máximo nivel de detalle, mientras que Rendimiento Suave y Rendimiento Definido priorizan los 60 fotogramas por segundo, ofreciendo una experiencia mucho más fluida sin sacrificar en exceso la calidad visual. Sea cual sea la opción elegida, Rebirth luce espectacular durante la mayor parte de la aventura.

Los escenarios destacan por su enorme variedad. Pasamos de extensas praderas bañadas por la luz del sol a montañas nevadas, frondosos bosques, playas paradisíacas o ciudades repletas de vida (aquellas que en su día eran solo dos calles hoy se han reimaginado a niveles titánicos, manteniendo su carácter), todo ello con una dirección artística sencillamente brillante. Cada región posee personalidad propia y transmite la sensación de encontrarnos ante un mundo vivo.

Los modelados de los protagonistas vuelven a situarse entre los mejores que hemos visto en el género. Las expresiones faciales, las animaciones durante las conversaciones y combates y el enorme trabajo realizado en las secuencias cinematográficas convierten muchos momentos de la historia en auténticas escenas de película. Si se me permite el lenguaje, flipas con la apariencia de personajes como Vincent.

Técnicamente, también deja muy buenas sensaciones. Durante nuestras partidas no hemos encontrado errores importantes ni fallos capaces de empañar la experiencia. Sí es cierto que, de forma muy puntual, pueden aparecer pequeñas imperfecciones en algunas sombras o en la carga de ciertas texturas. No obstante, hablamos de detalles aislados dentro de una producción de enorme escala que, en líneas generales, mantiene un rendimiento muy sólido.

Una banda sonora que vuelve a hacer historia

Si el apartado visual impresiona, el sonoro directamente roza la excelencia. La banda sonora vuelve a demostrar por qué Final Fantasy VII posee una de las identidades musicales más reconocibles de la historia del videojuego.

Las composiciones clásicas regresan completamente reorquestadas, mezclándose con nuevos temas que acompañan cada región, cada combate y cada momento importante con un nivel de calidad extraordinario.


El doblaje también está a la altura de una producción de este calibre. Podemos escoger entre voces en inglés o japonés, ambas interpretadas con enorme solvencia. Todo ello acompañado por una magnífica traducción al español que respeta el tono de los personajes y facilita seguir una trama cargada de matices.

Los efectos de sonido terminan de redondear el conjunto. Desde el estruendo de la Espada Mortal de Cloud (un sonido siempre reconocible) hasta la magia, las invocaciones o el sonido ambiental de cada región, todo contribuye a reforzar una inmersión que rara vez decae durante las decenas de horas que dura la aventura.

Combate, exploración, minijuegos, relaciones…¡y un sin fin de cosas por hacer!

Un mundo que invita a perderse

Si algo deja claro Final Fantasy VII Rebirth desde que abandonamos Midgar es que esta vez el viaje es tan importante como el destino.

Square Enix ha conseguido trasladar por fin esa sensación de aventura que tantos recordábamos del clásico. Las enormes regiones abiertas rebosan vida, secretos y actividades que hacen muy difícil seguir únicamente el camino principal. Siempre hay una cueva por explorar, una torre que activar, una parada de Chocobotaxi por reparar, un enemigo singular al que enfrentarse o una nueva ruta que descubrir a lomos de un chocobo.

Lo mejor es que pocas veces sentimos que estamos completando tareas por obligación, lo cual no quita que haya alguna menos inspiradas. Buena parte de estas actividades están integradas dentro de las investigaciones de Chadley (lo siento, pero para mí, a veces es el Jar Jar Binks de Final Fantasy, y encima sin alivio cómico), cuyos estudios sobre la Corriente Vital nos animan a analizar el entorno, descubrir fuentes de energía, combatir criaturas especiales o recopilar información de cada región. Todo ello sirve para desbloquear nuevas materias, desafíos del simulador de combate y abundante información sobre el mundo, logrando que la exploración tenga una recompensa constante.

Ese afán por descubrir también se refleja en la enorme cantidad de pequeños sistemas que acompañan la aventura. La síntesis de objetos cobra mucho más protagonismo gracias a los materiales que recogemos durante la exploración o tras derrotar enemigos. Poco a poco iremos ampliando nuestro nivel de artesanía para fabricar objetos cada vez más útiles e incluso piezas de equipamiento, aportando una agradable sensación de progresión sin resultar nunca excesivamente compleja y bonificando la exploración.

Un combate que alcanza la madurez

Si Remake sentó las bases, Rebirth las lleva un paso más allá. Su sistema de combate sigue mezclando acción en tiempo real con la pausa táctica característica de la saga, pero ahora todo resulta más completo, dinámico y satisfactorio.

Cambiar de personaje sobre la marcha continúa siendo fundamental, ya que cada integrante del grupo posee un estilo completamente diferente y obliga a afrontar cada combate desde una perspectiva distinta.

Cloud continúa brillando por su equilibrio entre ataque y defensa. Por otro lado, Tifa es una auténtica máquina de generar presión sobre los enemigos. Barret domina las largas distancias. Aeris se convierte en una pieza imprescindible gracias a su poderosa magia de apoyo y sus ataques arcanos, mientras que el resto de compañeros incorporan mecánicas propias que hacen que prácticamente todos tengan un momento para destacar.

Precisamente esa variedad convierte cada enfrentamiento en un pequeño rompecabezas. No basta con atacar sin descanso, debemos aprovechar debilidades elementales, gestionar correctamente la barra ATB, lanzar habilidades sincronizadas y alternar continuamente entre personajes para sacar el máximo partido al grupo.

Una de las grandes novedades son precisamente las habilidades y acciones sincronizadas. Estas técnicas permiten que los miembros del equipo colaboren entre sí durante el combate, desbloqueando ataques espectaculares y habilidades conjuntas que no solo aportan un enorme componente visual, sino también una nueva dimensión estratégica. Para ello, al subir de nivel iremos desbloqueando runas que incrementarán nuestras estadísticas y nos otorgarán nuevas habilidades de sincronización, con un sencillo sistema de asignación de puntos.

Todo ello se completa con un simulador de combate mucho más profundo que en Remake. Chadley irá ampliando constantemente sus desafíos conforme avanzamos en la aventura, incluyendo pruebas especiales para desbloquear nuevas invocaciones y poner realmente a prueba nuestro dominio del sistema.

La aventura se vive en compañía

Las misiones secundarias están mucho más trabajadas que en la entrega anterior y, en muchos casos, sirven para profundizar en la personalidad de los protagonistas.

Los encargos de mercenario disponibles en los tablones repartidos por las diferentes ciudades no solo ofrecen recompensas materiales, sino que fortalecen la afinidad con nuestros compañeros y desbloquean nuevas conversaciones, escenas y momentos que enriquecen todavía más la relación entre ellos.

También, podemos configurar distintos grupos de combate para adaptarnos rápidamente a cada situación, una mejora de calidad de vida muy bienvenida teniendo en cuenta el creciente número de personajes jugables.

¡Los minijuegos!

Y luego están los minijuegos. Sería imposible enumerarlos todos porque prácticamente cada región introduce alguno nuevo. Desde carreras de chocobos hasta adictivas partidas de cartas en tablero del popular juego “Sangre de la Reina” (Queen’s Blood), una de las grandes sorpresas del juego, pasando por desafíos musicales, pruebas de puntería, carreras, exploración o pequeños pasatiempos repartidos por todo el mundo.

No todos alcanzan el mismo nivel de inspiración, y algunos pueden hacerse algo largos si queremos completarlos al cien por cien, pero en conjunto consiguen que el viaje nunca deje de sorprender. Cuando creemos haber visto todo lo que Rebirth puede ofrecer, aparece una nueva actividad que rompe completamente el ritmo y vuelve a despertar nuestra curiosidad.

Con esto, Rebirth no pretende ser únicamente un gran rpg de acción. Sino que quiere recuperar aquella sensación de aventura imprevisible que transmitían los jrpg clásicos.

Conclusión

Final Fantasy VII Rebirth es una obra que entiende perfectamente qué hizo tan especial al original y se atreve a expandirlo sin perder jamás su esencia.

Square Enix no se ha conformado con ofrecer un apartado gráfico espectacular que nos lleva a lo que soñábamos que podría ser una puesta al día del original, o un sistema de combate más profundo. Ha construido un mundo que invita a explorarlo sin prisas, ha dado todavía más peso a unos personajes inolvidables y ha conseguido que sus regiónes, las conversaciónes y cada pequeño desvío del camino formen parte de una aventura que rara vez deja de sorprender.

Su enorme cantidad de contenido, la variedad de situaciones, un combate que alcanza la madurez vista en Remake y una banda sonora absolutamente magistral convierten este viaje en una de esas experiencias capaces de quedarse con nosotros mucho tiempo después de ver aparecer los créditos finales.

No todo es perfecto. Algunos minijuegos pueden romper el ritmo de la aventura para quienes prefieran centrarse únicamente en la historia y existen pequeños detalles técnicos que podrían pulirse, aunque ninguno de ellos llega a empañar el resultado de una producción de semejante envergadura. Pero eso sí, para entender en su magnitud su trama, personajes y el trabajo llevado a cabo por Square Enix, se hace recomendable haber jugado, al menos, Remake, su primera parte.

Si me lo permitís, para acabar, como valoración personal, mientras recorría sus praderas, atravesaba cañones a lomos de un chocobo o volvía a escuchar esas melodías que marcaron a toda una generación, no podía evitar pensar en una única frase: “este es el juego que imaginábamos cuando éramos niños al jugar a Final Fantasy VII”.

FINAL FANTASY VII REBIRTH

59.99 euros
9.5

Valoración

9.5/10

Pros

  • Un mundo enorme que invita a explorar sin descanso.
  • Sistema de combate profundo, espectacular y muy satisfactorio. Quizás, el mejor de la saga
  • Personajes mejor desarrollados y una historia que sorprende incluso a los veteranos.
  • Cantidad de contenido y actividades realmente apabullante. ¡Ojo al juego de cartas Queen's Blood!
  • Apartado visual, artístico y banda sonora sobresalientes.

Cons

  • Algunos minijuegos pueden romper el ritmo de la aventura.
  • Pequeños fallos puntuales de texturas y sombras.
  • Ciertas actividades secundarias resultan algo repetitivas.
  • No es un contra en si mismo, pero pese a incluir un resumen, conviene haber jugado a Final Fantasy VII Remake para disfrutar plenamente de la historia.

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