Sledders apuesta por una conducción realista en espacios repletos de nieve, árboles y terraplenes. ¿Será suficiente para contentar al usuario?
Cuando arranqué Sledders en mi consola, esperaba encontrarme lo que cualquiera podría imaginar de un juego de esta naturaleza: carreras espectaculares sobre motos de nieve, licencias oficiales, circuitos variados y desafíos derivados de las duras condiciones climatológicas. Sin embargo, mi percepción del título cambió en apenas un minuto, cuando descubrí que estaba ante una propuesta completamente distinta.
Y es que no estamos ante un juego de carreras convencional, sino más bien ante una especie de sandbox en el que podemos hacer lo que nos venga en gana a través de diferentes terrenos nevados. Aquí no se trata simplemente de cruzar la línea de meta antes que nuestros rivales, sino de disfrutar de la libertad que nos ofrecen sus entornos y de dominar nuestra moto de nieve a nuestro ritmo.

¿Un sandbox sobre nieve? ¿O debería llamarlo snowbox?
Hanki Games, junto con Bonus Stage Publishing, son los encargados de llevarnos a recorrer tundras, páramos helados y todo tipo de terrenos donde la nieve es la gran protagonista. A los mandos de nuestra moto de nieve, tendremos que abrirnos paso por estos entornos, lidiando con las particularidades de cada superficie y aprovechando las posibilidades que nos ofrece el terreno. A nuestra disposición tendremos varios escenarios (enormes, por cierto) en los que realizar saltos, alcanzar lugares aparentemente imposibles y poner a prueba nuestra habilidad al manillar. ¿El problema? Que hay poco juego por descubrir.

¿Dónde está la meta? ¿Y la salida?
Puedo entender que existan propuestas que se salgan de la tónica habitual y nos inviten a disfrutar de los videojuegos desde una perspectiva diferente. Experiencias que van más allá de nuestra habilidad con el mando y que nos permiten contemplar el medio desde otro prisma. Sin embargo, no creo que Sledders sea uno de esos casos. Porque lo que tenemos entre manos es, en esencia, un juego de carreras… sin carreras.
Sí, podemos improvisar nuestros propios recorridos y colocar checkpoints para crear una especie de competición personalizada. Pero, personalmente, creo que eso le resta buena parte de la gracia al asunto. No es lo mismo enfrentarse a un desafío diseñado para ponernos a prueba que tener que inventarnos nosotros mismos. La libertad está muy bien, pero también necesitamos motivos para querer explorarla.

Congelado, pero vivo
Para empezar, tenemos un modo para un jugador (por llamarlo de alguna manera) en el que podemos movernos libremente por uno de los escenarios disponibles. Los hay más sencillos y más exigentes, pero todos comparten un elemento en común: la nieve. Mucha nieve.
El plato fuerte llega con el multijugador, donde podemos crear nuestros propios recorridos y registrar tiempos para competir en una especie de contrarreloj. Otros jugadores podrán intentar batir nuestras marcas, dando lugar a ese pique tan habitual que siempre aparece cuando hay un cronómetro de por medio. Sobre el papel, la idea tiene su gracia y puede dar pie a piques interesantes entre la comunidad.
Sin embargo, hay un pequeño inconveniente: dejar que cada jugador diseñe sus propios recorridos puede convertirse en un arma de doble filo. Y es que esta libertad, que a priori parece una de las grandes virtudes de Sledders, también puede jugar en su contra por varios motivos que explicaré a continuación.

La nieve te cubrirá como el abrazo de una abuela
El estudio ha querido dotar a su propuesta de unas físicas realistas, y eso está bien, no nos vamos a engañar. El problema es que no toda la nieve se comporta igual: no es lo mismo circular sobre una superficie dura que enfrentarse a una capa de nieve blanda en la que nuestra moto puede quedar prácticamente sepultada. Y claro, cuando trazamos nuestros propios recorridos a nuestro libre albedrío, es bastante probable que acabemos metidos en algún berenjenal, atrapados en una pendiente de la que no hay manera de salir. ¿La solución? Resetear nuestro último progreso y volver a intentarlo. Un engorro, vaya.
Supongo que parte de la gracia consiste en aprender a leer el terreno y encontrar la ruta adecuada para alcanzar el siguiente punto de control. El problema es que esa mecánica resulta curiosa durante las primeras partidas, pero pierde la gracia bastante rápido cuando nos vemos obligados a repetir el proceso una y otra vez.
Es como intentar cruzar una montaña en Skyrim a base de saltos, cabezonería y pura fuerza de voluntad. Al principio hasta tiene su encanto, pero pronto descubres que aquello no es tan divertido como parecía. Y cuando una de las principales mecánicas del juego empieza a cortarte el rollo en lugar de invitarte a seguir explorando, tenemos un problema.

Para ser conductor de primera, acelera
Y hablando de físicas realistas, todavía nos queda por comentar cómo se controla la propia moto de nieve. Al igual que sucede en algunos juegos de motocross, la posición del piloto será fundamental para evitar acabar de morros contra el frío suelo. Podremos echar el cuerpo hacia delante o hacia atrás, algo especialmente importante a la hora de afrontar rampas, cuestas y terrenos abruptos. También tendremos la posibilidad de ladear la cintura e incluso desplazar el cuerpo fuera de la moto para intentar tomar las curvas más pronunciadas.
Sobre el papel, todo parece bastante prometedor. Sin embargo, cuando nos ponemos a los mandos, volvemos a encontrarnos con el mismo problema que en otros apartados: la idea está bien, pero su ejecución necesita bastante trabajo. La conducción exige cierta técnica, aunque no siempre resulta tan satisfactoria como cabría esperar. Si no ladeamos bien la moto, nos caeremos. Como hagamos un caballito pronunciado, al suelo de nuevo. Si no giramos a tiempo o con suficiente intensidad, de morros contra un árbol.
Por otro lado, el editor del modo multijugador nos permite colocar diferentes elementos para construir nuestros propios circuitos, incluidas algunas rampas artificiales. No estamos ante un juego que nos invite a encadenar combos imposibles en el aire ni a realizar acrobacias espectaculares, pero se agradece poder preparar algún salto de vez en cuando y darle un poco de vidilla a nuestras excursiones por la nieve.

Conclusión De Sledders
Hanki Games y Bonus Stage Publishing nos brindan una de esas propuestas que, sobre el papel, tienen potencial para ofrecer algo diferente, pero que se quedan a medio camino por culpa de una ejecución poco convincente. Sus enormes escenarios nevados y sus físicas realistas pueden resultar atractivos para quienes busquen experimentar con una moto de nieve sin las ataduras de las carreras tradicionales. Sin embargo, la escasez de objetivos, la necesidad de inventarnos nuestros propios desafíos y una conducción que no siempre responde como debería terminan pasando factura a la experiencia. Y sí, la nieve está muy bien, pero tampoco hace falta acabar enterrado en ella cada dos por tres.
En definitiva, Sledders puede encontrar su público entre quienes disfruten explorando libremente, perfeccionando sus habilidades al manillar y compitiendo contra los tiempos de otros jugadores. No obstante, si buscas carreras emocionantes, desafíos bien diseñados y una progresión que te invite a seguir jugando, aquí te vas a encontrar con un páramo bastante desolador. Una idea con personalidad que necesita más contenido y algunos ajustes importantes para dejar de patinar sobre hielo fino.


