Frogwares mejora la investigación y enfatiza el survival horror
Cuando jugué a The Sinking City hace unos años tuve bastante claro que estaba ante un juego con muchos problemas, pero también ante una propuesta diferente. No era el mejor juego de investigación ni tampoco el mejor survival horror, pero esa mezcla de ambos géneros, junto a una ambientación lovecraftiana muy conseguida, hacía que tuviera algo especial.
Ahora Frogwares vuelve con The Sinking City 2, aunque quizás la palabra “vuelve” no sea del todo correcta. Pues el estudio ha decidido cambiar prácticamente todo aquello que hacía funcionar al primero y convertir esta secuela en un survival horror mucho más tradicional. Y siendo sincero, me gusta mucho el cambio.
Porque si esperas encontrarte otra vez con Charles Reed recorriendo una enorme Oakmont en busca de pistas, quizás te lleves una sorpresa. Esta vez tenemos a Calvin Rafferty, un aventurero ocultista que junto a Faye Bennett se dedica a buscar objetos malditos y conocimientos prohibidos.
Durante un ritual para alcanzar las Dreamlands algo sale mal y Faye queda atrapada en un misterioso sueño. Calvin despierta sin recordar lo sucedido y emprende su búsqueda por una Arkham inundada y abandonada. El destino de Faye está en sus manos: típica premisa del héroe para salvar a su amada.
Una Arkham que da gusto recorrer
Una de las cosas que más me ha gustado de The Sinking City 2 es su ambientación. Si Oakmont era una ciudad que quería que recorriéramos para investigar, Arkham es una ciudad que parece querer que nos marchemos cuanto antes. Calles inundadas, edificios abandonados, hospitales, iglesias, hoteles, universidades y todo tipo de localizaciones construyen un escenario que resulta mucho más cerrado, pero también más cuidado.
No sabría decir si me gusta más esta localización o la anterior, pero lo que sí es seguro es que en Arkham hay una tremenda sensación de desolación, terror y apocalipsis lovecraftiano. El estudio le ha dado un tono más oscuro, más tirando hacia un “Silent Hill” que a una novela negra de detectives con trasfondo sobrenatural.
Lo que diferencia a The Sinking City 2 de otros survival horror como el antes citado de Konami o Silent Hill, es su ambientación, con una recreación de época muy marcada y un estilo propio con mucho encanto. Podemos ver ciertas similitudes con los puzzles, elementos a descubirir, combinaciones para abrir cofres y un backtracking sobre localizaciones anteriores y otras zonas antes inaccesibles.
Frogwares ha hecho un trabajo bastante bueno con la iluminación y el sonido. La oscuridad, los ruidos que escuchamos a lo lejos y la sensación de no saber qué nos espera detrás de una puerta hacen que explorar tenga una tensión constante.

Investigar ya no es lo mismo
Y aquí es donde más se nota el cambio respecto al primer juego. En The Sinking City, investigar era prácticamente nuestro trabajo. Recibíamos unas pistas, buscábamos información, recorríamos Oakmont y utilizábamos nuestras habilidades para reconstruir los acontecimientos.
Era precisamente esa sensación de ser nosotros quienes teníamos que descubrir dónde estaba la respuesta lo que más me gustaba. En esta segunda entrega la investigación sigue presente, pero ha pasado a un segundo plano. Tenemos el Espacio de Investigación, algunas pistas y determinados misterios que podremos resolver durante nuestra aventura, pero ya no son el motivo principal por el que recorremos el mundo.
Me ha recordado en cierta medida al tablón de pistas de Alan Wake 2, pudiendo conectar grupos de pistas similares para resolver enemigmas, descubirir claves o avanzar en la resolución del misterio que envuelve a la inundada Arkham. Y entiendo perfectamente por qué Frogwares ha tomado esta decisión. El primer juego tenía una estructura que podía hacerse repetitiva y ahora todo está mucho más controlado.
El “problema” puede ser que también se pierde parte de la personalidad que hacía diferente a The Sinking City, pero no os voy a engañar. Esas distorsiones de la realidad asomándose al otro lado me producían hasta náuseas, por lo que no he echado de menos la investigación de la primera entrega.
Se puede perder algo de personalidad, pero le han dado un toque mucho más compacto, rotundo y más disfrutable en cuanto a la jugabilidad y seguir la historia.
Ahora sí que toca sobrevivir
El combate era uno de los puntos más flojos del primer juego. Era tosco, lento y en muchas ocasiones parecía más una obligación que una parte divertida de la aventura. Aquí, por suerte, las cosas han cambiado bastante.
Tenemos armas de fuego, ataques cuerpo a cuerpo, esquiva y diferentes puntos débiles en los enemigos. Además, la munición y los recursos son limitados, por lo que no siempre merece la pena enfrentarse a todo lo que encontremos. O quizás deberías estar atento a posibles elementos del entorno, como los típicos bidones de gasolina que explotan o cepos para osos que podríamos utilizar a nuestro favor.
Ciertamente el combate se siente cómodo y aunque la habilidad de crear munición se hace de esperar, veo que se han tomado lo de survival horror muy en serio. Cuesta mucho encontrar balas y curaciones, por lo que a veces es mejor pasar de largo y a la vuelta de la esquina podríamos encontrar algo de valor.
Esto hace que cada encuentro tenga un poco más de sentido. “¿Gasto munición para acabar rápidamente con este enemigo o intento pasar de largo? ¿Utilizo un objeto ahora o me lo guardo para más adelante?” El juego consigue generar bastante tensión gracias a estas decisiones.
Lo que sí que es criticable es que según la modalidad de dificualtad, algunos enemigos bastante endebles en apariencia son esponjas de balas (recuerdos de Vietnam con Resident Evil). Sin embargo, puedes dispararle a las piernas para que se vayan al suelo y pisarlos, golpearlos cuerpo a cuerpo o huir.

Los Slither son una buena idea
Y si hay algo que me ha llamado la atención son los enemigos. Los Slither no son simplemente criaturas que aparecen para atacarnos. Los propios cuerpos que dejamos atrás pueden convertirse en un nuevo problema si no actuamos correctamente. Esto hace que algunos encuentros sean bastante más interesantes de lo que parecían inicialmente.
Especialmente odiosos son esos bichejos con muchas patas que se lanzan contra nosotros y huyen para luego abalanzarse encima nuestra cuando menos lo esperemos. Si ves a los gusanos en el selo, cuidado, podrías tener un mal encuentro por confiar en que ese cadáver que parece inofensivo, se levantará en cualquier momento.
Además encontramos criaturas de todo tipo, desde enemigos rápidos que atacan en grupo hasta enormes criaturas que nos obligan a cambiar nuestra forma de enfrentarnos a ellas. No todos funcionan igual de bien, como por ejemplo algunos jefes, pues si bien a priori nos deberían de aterrorizar, igual se han pasado con los recursos en los alrededores restando tensión.
Un terror mucho más conseguido
Creo que aquí es donde Frogwares ha dado el mayor salto respecto al primer juego. The Sinking City tenía una ambientación fantástica, pero no siempre conseguía dar miedo. Muchas veces estaba más interesado en el misterio que en asustarnos, o simplemente dar grimita con los sonidos guturales y el abuso de la inspiración lovecraftiana.
En esta ocasión es diferente, pues la iluminación, los escenarios y el diseño de sonido hacen que incluso caminar por una zona aparentemente tranquila pueda generar cierta tensión. La banda sonora hace de puente entre el misterio y el terror, generando un cosquilleo al explorar algunas zonas bastante inquietantes.
Lo que más miedo me ha generado (si es que yo personalmente puedo pasar miedo a mi edad), son los nuevos enemigos y situaciones cuando recogemos un objeto clave y se lia la de San Quintín. Ahora es cuando dices “pies para qué os quiero”.
Y esto me parece especialmente importante porque Frogwares ha conseguido algo que buscaba desde el principio: hacer que el horror forme parte de la jugabilidad y no simplemente de la historia. No solo vemos criaturas horribles. Tenemos que administrar nuestra munición, decidir cuándo luchar, explorar habitaciones oscuras y volver sobre nuestros pasos mientras sabemos que algo puede aparecer en cualquier momento.
Visualmente es otro juego
También hay que hablar del salto técnico, ya que The Sinking City 2 utiliza Unreal Engine 5.8 y se nota especialmente en los escenarios, la iluminación y los efectos. Arkham es mucho más detallada que Oakmont y las criaturas tienen un diseño que encaja perfectamente con ese horror cósmico que Frogwares quiere transmitir.
En Xbox Series X no he tenido muchos problemas, pudiendo jugar a 60 FPS estables en el modo rendimiento, o un modo más detallado con Calidad. Solamente lo típico de las versiones anticiapadas que solemos usar para las reviews, reconocido por el propio estudio, pero siendo algo temporal que se solucionaría con actualizaciones.
Yo personalmente no he sufrido ningún error grave, ni problemas con la partida o artefactos en pantalla, solo leves momentos de popping y algún bajón de rendimiento breve y puntual.

Una aventura que sabe cuándo terminar
La campaña dura aproximadamente entre 12 y 16 horas, dependiendo de cuánto exploremos. Y creo que esta duración encaja bastante bien con el nuevo enfoque. El primer juego tenía un mundo enorme y muchas misiones que podían hacer que la aventura se alargase bastante.
Aquí todo está más concentrado y depende de nosotros si queremos resolver algunas incognitas o puzzles o no. Lo importante es que lo juegues a tu ritmo y post-lanzamiento, no mires guías para tener una experiencia más auténtica. Ya para profundizar tienes el New Game + donde puedes conservar los “Talentos” (Habilidades), puntos y objetos por si quieres mayor desafío o recorrer Arkham con todo el equipamiento.
En mi opinión tiene una duración de los más acertada y no se hace pesado como el primer juego, pues es algo menos intenso en cómo se avanza y mucho más claro en todo lo que nos cuenta la historia.
¿Y merece la pena?
Creo que esta es una de esas ocasiones en las que hay que tener claro qué esperamos de una secuela, porque si quieres otro The Sinking City, probablemente esta segunda entrega te va a resultar extraña. Pero si quieres un survival horror ambientado en el universo de Lovecraft, la cosa cambia bastante.
Frogwares ha cogido muchas de las ideas del primero, las ha dejado a un lado y ha construido algo mucho más cercano a Resident Evil y Silent Hill. Y lo curioso es que funciona. Esto es personal, pero considero The Sinking City 2 mucho mejor juego en conjunto, no con “tanto encanto” como el primero, pero sí mejor resuelto.
El problema es que en ese camino también ha dejado atrás algunas de las cosas que hacían especial al original. La investigación ya no tiene el mismo peso, la ciudad no ofrece la misma libertad y la historia está algo más manida. Y quizás esa sea la gran contradicción de The Sinking City 2.
Es, probablemente, un juego mucho más pulido que su antecesor. Pero no necesariamente es un juego que haga todo mejor, aunque en el global, se me ha hecho una mejor experiencia. Cambiar el género podría haber sido un acierto para los amantes del survival horror, pero un error si te gustó lo que hacía peculiar a la primera entrega.

Conclusión
Si buscas un juego de supervivencia y acción, con un mapa a explorar por zonas sin tanta libertad pero con muchas posibilidades conforme avanzas, estamos ante un título redondo que ofrece una gratísima experiencia para amantes del survival. El combate es mucho mejor, la ambientación está más conseguida, los escenarios están diseñados con mucho más cuidado y la sensación de supervivencia funciona bastante bien.
La cuestión aquí es que si vienes buscando una prolongación de la historia de Charles Reed, con las peculiaridades del título original, puede que no te guste del todo lo que encuentres, pero tanto si jugaste a éste como si no, estamos ante un gran título y para mí, una buena evolución del estudio de desarrollo.
Tal vez en un hipotético The Sinking City 3 aprendan de todo ésto y busquen una fórmula intermedia, pero mejor conseguida de ambas entregas.
The Sinking City 2 está disponible en Xbox Series X|S, Playstation 5 y PC.


