La deidad de Lovecraft resurge a la vida con The Mound: Omen of Cuthulhu, una experiencia cooperativa terrorífica
En un mercado que empieza a saturarse con juegos de extracción, hay que saber innovar de alguna manera. Ya de por sí estas mecánicas ofrecen tensión por saber si vas a llevar a cabo con éxito la misión, aunque lo que tenemos aquí va un paso más allá al meter el horror cósmico en la ecuación. The Mound: Omen of Cthulhu pretende eso mismo: misiones con otros compañeros, donde el caos , la locura y el terror reinen a sus anchas. Y en parte lo consigue… aunque tiene pequeños contras como explicaremos en este análisis.

La fiebre del oro
NACON junto con ACE Team son los encargados de ofrecernos esta experiencia mucho más terrenal de Cthulhu. La ambientación y contexto que encontramos en esta propuesta jugable bebe directamente de la novela de H.P. Lovecraft con el mismo nombre: The Mound. Nosotros encarnaremos a un explorador de un navío español que se aventurará a unas remotas islas misterioras. No seremos la primera incursión que se adentra en estos exóticos parajes, y nada más pisar tierra firme notaremos que algo no va bien.
El marco histórico nos sitúa en la Era de los Conquistadores. Esto implica que nuestras armas y munición están limitadas a la época. Nada de fusiles de asalto, opciones cuerpo a cuerpo versátiles ni utensilios modernos como linternas o GPS. Arrancaremos nuestra misión en un barco, donde el propio capitán nos exigirá una cantidad mínima de botín en cada incursión si queremos seguir durmiendo en el camarote. Tarea nada fácil por todas las rayadas psicológicas que viviremos.

El transporte de la época
Una vez desembarquemos, empezaremos la búsqueda de víveres, armamento y lo más importante: amuletos de gran valor. Nuestra mochila será muy pequeña (especialmente al principio, luego ya podremos mejorarla) y sólo entrarán cinco objetos en nuestro inventario. Claro, si contamos que un slot es para la espada y otro es para una pistola, aún se ve incluso más reducido. Por suerte (o por desgracia), contaremos con un carromato donde dejar todas las pertenencias. Una opción más realista que si cargáramos con cincuenta cosas, pero mucho más tediosa a la larga.
Aunque los compañeros puedes ser IA o usuarios reales, el conductor del carromato viene dada por el propio The Mound: Omen of Cuthulhu. Eso quiere decir que él seguirá una ruta mientras nosotros deambulamos por otros derroteros. Si queremos depositar nuestras joyas, deberemos buscarle por una especie de surco que deja a su paso, o llamarle para que aparezca… tarde o temprano. Resulta muy desesperante estar cada dos pasos detrás de él, especialmente en aquellas fases donde una se encuentra asediado por enemigos. Por supuesto, una vez que demos por finalizada la misión, tendremos que acompañarle (a su ritmo) hasta el comienzo de la misión para volver al barco.

El rastreador rastreado
Esa es la parte menos agradecida del juego. Me gusta la cooperación en cada fase. Incluso la duración (si damos con gente “normal”) es aceptable. Puedes terminar cada rastreo en cuestión de 20 minutos, lo que considero un tiempo decente. Pero lo que falla es el “modus operandi” con la premisa principal de buscar tesoros. Al final todo se focaliza en recolectar, y aunque podremos ir mejorando nuestro equipo y las habilidades, no hay mucha diferencia entre un objetivo u otro. Desde los primeros compases de la aventura tendremos un desplegable con varias misiones y su localización… pero todas resultan muy parecidas entre sí. Lo único que puede cambiar es con los jugadores con los que te juntas.
Según vayamos mejorando a nuestro héroe castellano, iremos ampliando varias opciones dentro del barco. Empezaremos con armas muy malas y desgastadas, pero podremos ir mejorándolas o adquiriendo unas nuevas. Lo mismo sucede con otro tipo de objetos como antorchas o lámparas de aceite, e incluso con habilidades únicas de nuestra clase. Por cierto, me ha parecido curioso que en el lobby principal, otros usuarios puedes rapiñar todas las armas de tu inventario para dejarte “pelado” en la siguiente ronda. Cuidadito con eso.

No todo es real
Y bueno, ahora toca hablar de lo que diferencia a The Mound: Omen of Cuthulhu de otros títulos de extracción: el miedo y la paranoia. En algunos momentos, el poder oculto de la isla nos hará que veamos ilusiones donde no las hay, y nos tocará juzgar sin son reales o no. Por ejemplo, lo que parece un cofre puede resultar ser una trampa mortal con pinchos, y lo que parece un enemigo resulta ser tu compañero de fatigas.
Este hecho hace que estés atento en todo momento, con pies de plomo por si acaso atacas a quien no es. Si tu miedo aumenta en exceso, podremos incluso ver la pantalla en rojo, lo que nos dificultará TODO si queremos salir airosos del lugar. Pequeños retazos diferenciadores que son el punto original que el estudio pretende otorgar a su obra.

En la jungla, la vieja jungla, dormido está el león…
En cuanto a su apartado gráfico, es cierto que no brilla al nivel de los últimos triple AAA, pero su acabado es muy notorio. Casi todos los escenarios tienen lugar en frondosas selvas repletas de flora y vegetación. Es cierto que nuestro personaje no es un marine cualificado, y veremos que su destreza con las armas no es tan precisa como a nosotros nos gustaría. Me gustaría mencionar la ralentización que sufriremos cuando empujamos una rama o unas lianas. Es muy realista, y para no perder tiempo desenredándonos con la naturaleza, se hace indispensable el uso de un machete para esas situaciones.
Por lo demás, todo funciona de manera correcta. Puedo achacar que el tutorial para entrar a jugar a The Mound: Omen of Cuthulhu es muy básico, pero por otro lado la gracia también reside en explorar y aprender trucos por tu propia cuenta. Tampoco me ha gustado algún que otro tamaño de letra, demasiado pequeña y mal optimizada para este port a consolas.
Y para quienes pregunten si pueden jugar solos a la obra de NACON y ACE Team, diré que es factible, aunque lo ideal sería contar con un grupo de colegas para que la cooperación fuera vital. Por suerte, de momento la gente con la que he coincidido en las partidas son amables y todos persiguen un objetivo común: Ponerse de tesoros hasta las botas. ¿Preparado para buscar tú también el botín?

Conclusión de The Mound: Omen of Cuthulhu
Aquellos que quieran una experiencia con la deidad de Lovecraft completamente diferente a lo visto en formato de videojuego, aquí tiene una propuesta interesante. Aunque se puede jugar para un sólo jugador, estamos ante un título de recolección de utensilios y compleción de misiones cortas de manera cooperativa. Habrá que enfrentarse a enemigos, y solucionar algún que otro problema para llegar hasta el botín prefijado, aunque lo más interesante es su concepto de paranoia que nos brinda el juego.
Nada es real, y lo que parece un tesoro puede ser una trampa, lo que parece un enemigo puede ser tu colega de aventuras. Esa es la premisa original que destila The Mound: Omen of Cuthulhu, aunque rápidamente se diluye por una repetición de misiones que puede resultar algo repetitivo si no juegas con compañeros. Si juntas un equipo de amigos, y estas dispuesto a confiar en ellos, la propuesta de NACON y ACE Team puede resultar muy interesante.


