Adéntrate en las experiencias escaladoras de un nabo gracias a Turnip Mountain
El amor no entiende de razas, ni religiones, ni tan siquiera de distancias. Y si no, que se lo digan al nabo protagonista de Turnip Mountain. Su admiración por una estrella en particular es encomiable, pero por culpa de un terremoto, nuestra verdura enamorada cae de la montaña de una manera estrepitosa. Eso sí, antes de renunciar al amor de su vida o a un futuro sin ver de nuevo a su astro favorito, decide sacar fuerzas (y dos brazos) de a saber dónde, y ponerse a escalar como si le fuera la vida en ello.

El amor mueve montañas
Jandusoft y Luke Sanderson son los encargados de brindarnos Turnip Mountain. Un juego de escalada donde deberemos aprender de manera muy exhaustiva y precisa a poner los brazos de nuestro protagonista. Existen dos maneras de hacerlo: o bien con los joysticks de un mando, o bien con la ayuda de dos ratones. Obviamente, en nuestro caso hemos optado por el pad de Xbox para vivir de primera mano nuestra experiencia en consolas.
La premisa es sencilla: alargar con un stick el brazo, y apretar el gatillo para que ese brazo se aferre a la superficie. Después tocará mover el otro brazo, y repetir la misma jugada una y otra vez. Eso sí, es algo más complejo de lo que he explicado. Para alcanzar la mayor superficie posible, tendremos que ir posicionando los brazos de una manera concreta. Encoger uno, y estirar otro. Algo banal pero que en la práctica (sobre todo al principio) resulta complicado.

Siempre hacia arriba
Las misiones de Turnip Mountain tendrán un claro componente vertical, como no podía ser de otra manera. Y lo que más me ha gustado es que en cada una de ellas siempre hay un nuevo desafío o mecánica que poner en juego. Por ejemplo, al principio te enseñan como impulsarte con los dos brazos para saltar. Más adelante, tendrás que saber utilizar las poleas y cuerdas a tu favor. Por no hablar de otras referencias acuáticas que prefiero que las descubráis vosotros mismos.
Más allá de todo esto, me gusta el diseño de cada nivel porque tienen varias rutas alternativas. No es que haya una diversidad loca, pero sí que te permite elegir el camino que tu consideras apto para tus habilidades. Y también hace que sea rejugable, ya que en cada fase se encuentran dispersos varios objetos coleccionables como filtros o monedas del juego.

El rey de las alturas
Pese a todas esta accesibilidad que estoy comentando, armaros de paciencia en según que tramos. Es cierto que Turnip Mountain no quiere ser una propuesta desquiciante como Jump King, por ejemplo. Pero eso no quita que debamos “masterizar” ciertas habilidades si queremos volver a ver nuestra estrella. Particularmente, hay momentos con límite de tiempo que las odiaba con todas mis ganas.
Supongo que al final la práctica hace al maestro, pero en esos momentos me pareció frustrante a más no poder. Por cierto, para frustraciones a gran escala, existe un componente cooperativo donde cada jugador maneja un brazo. No he tenido la suerte de probarlo con nadie, pero puede ser una experiencia muy gratificante o romper amistades. No hay termino medio.

Minimalista pero bonito
Y ojo, todo esta amalgama de ideas originales viene acompañado de un apartado gráfico que llama mucho la atención. A priori parece un diseño facilito en blanco y negro. Sin más pretensiones, como el 90% de los indies que aparecen cada semana en la Store. Pero no es así, ni mucho menos. Hay entornos tridimensionales, los escenarios no están hechos de manera aleatoria sin más pretensiones que avanzar hacia la siguiente fase. Todo está muy medido, con esa variedad que le va como anillo al dedo y que nos fuerza a terminar un nivel para ver el siguiente. Y ya puestos, también debemos mencionar el buen trabajo de Isabelle Chiming en la banda sonora. Todo un acierto poner esas melodías tan “chip tune”.

Conclusión de Turnip Mountain
Aquellos que busquen una experiencia de escalada diferente, no pueden perderse el último trabajo de Jandusoft y Luke Sanderson. Su estética minimalista esconde unos niveles muy bien pensados, con implementación de mecánicas constantes y un desafío continuo que te anima a mejorar fase tras fase. Además, hay varios coleccionables e incluso diferentes rutas hasta el final de nuestra escalada.
Eso sí, tienes que adaptarte a la jugabilidad de Turnip Mountain. Controlar ambos brazos puede ser fácil, pero “masterizarlos” es otra tarea diferente. Lo digo porque en las fases más avanzadas necesitaremos emplearnos al 100% para superar los obstáculos que nos pone la montaña. Si tenemos paciencia, fuerza de voluntad y aprendizaje rápido, la subida puede ser muy gratificante.


